miércoles, 23 de enero de 2008

Esquina sufrida

La calle del pecado se encontraba dónde hoy está el edificio que una vez fue sede del Ministerio de Obras Públicas.

Esta calle era frecuentada por mazorqueros, negros y paisanos que se acercaban a las pulperías a entretenerse y tomar unos tragos. Luego se sumaron compadritos, cuchilleros, tahúres, vagabundos y mujeres, que repartían su tiempo entre fondas y casas de juego.

También fue protagonista durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871, que regalaba a la cuidad unos 300 muertos por día. Por distintas razones, ésta calle fue uno de los lugares más golpeados por la epidemia.

Desembocaba en lo que hoy es Avenida de Mayo y Lima, por donde pasaban las murgas en épocas de carnaval. Muchos años más tarde, entre 1936 y 1939, esta misma esquina fue testigo de los enfrentamientos entre bandos durante la guerra civil española.

Hoy, a esta zona golpeada por pestes, luchas, actividades marginales y festejos de carnaval, no le va mucho mejor. Desde 1980, ostenta el monumento al Quijote, ofrecido por España para el cuarto centenario de la segunda fundación de la ciudad. Sin dudas es el monumento más feo de la ciudad. El autor del esperpento es Aurelio Teno, que tiene un tema fetiche con los quijotes, y los hace a todos espantosos. En su sitio, tiene un correo para sugerencias. Pueden acceder desde aquí para contarle qué piensan de su obra. Ahora, si el monumento era en homenaje a la segunda fundación de la ciudad, ¿Por qué no lo hizo de Juan de Garay?

miércoles, 16 de enero de 2008

Problemas de identidad

Haciendo una reconstrucción de los orígenes y modificaciones de ciertas palabras, podemos darnos cuenta que los porteños somos especialistas en alterar ciertas palabras y reconvertirlas para un uso cotidiano distinto. Por supuesto esto sucede con todos los idiomas y lugares del mundo, las palabras varían, cobran otro significado, modifican su significante, adquieren distintas cargas valorativas, etc. Pero quizás la abrupta llegada de gran cantidad de inmigrantes en poco tiempo, sumado a la presencia de poblaciones indígenas y a la incorporación de esclavos negros al río de la plata, puede haber favorecido mucho esta característica.

Incluso el nombre de la ciudad no fue originalmente Buenos Aires: en la segunda y definitiva fundación, realizada por Juan de Garay, la ciudad fue nombrada “Ciudad de La Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre” en evocación de la llegada al puerto que tuvo lugar el domingo de la Santísima Trinidad.

Esto no fue modificado en ninguna resolución, ley o decreto municipal, hasta 1996 cuando la ciudad recibe formalmente el nombre de Ciudad de Buenos Aires o Ciudad Autónoma de Buenos Aires al aprobarse el texto definitivo de la Constitución de la ciudad.

El segundo artículo de esta carta magna dice: “La Ciudad de Buenos Aires se denomina de este modo o como Ciudad Autónoma de Buenos Aires". Por lo tanto, después de más de 400 años de no haberla llamado por su nombre, ahora la ciudad tiene dos nombres.

lunes, 14 de enero de 2008

Vidriera de Barrio Norte (con tienda)

Graziella Franco no nació en Buenos Aires y sus personajes son de otro tiempo, que es como decir de otro mundo. Pero su taller, con vidriera a la calle, captura sin remedio a cualquiera que pase distraído por la calle Azcuénaga, casi esquina Juncal, en Barrio Norte.

Esta ceramista, escultura y pintora nació en Florencia, Italia, hace cerca de siete décadas. A los 13 años emigró con su familia al país, y desde hace más de 35 años amasa con sus manos títeres articulables.

La tienda, atendida por Graziella misma, María Luisa y Alba, es una suerte de manifiesto surrealista adonde conviven disparatada y fraternamente, personajes medievales y de la Antigua Grecia, seres fantásticos, leones, caballos – cuadrúpedos y de mar -, lechuzas y pájaros en miniatura.

Sin contender entre ellos por mayor protagonismo y apresados en el escaparate, se regalan a la vista caballeros andantes, arcabuceros alados, princesas, doncellas, vasallos, escuderos, músicos, juglares, campesinos, y hasta un coro de niños, Juana de Arco, Mozart, Hamlet y San Jorge luchando contra el dragón. Hay además utensilios como tazas y jarras de café, aguamaniles, candelabros y atrapa-libros.

La tienda no está abierta todo el día, sino de lunes a viernes, de 10 a 13 y de 16 a 19. Los sábados, sólo de de 10 a 14. Rara vez Graziella, María Luisa o Alba atienden el teléfono. La vidriera, en cambio, está siempre y es una maravilla.

Atelier de Graziella Franco
Dirección: Azcuénaga 1328, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: (54 11) 48 25 54 62

miércoles, 9 de enero de 2008

Recoleta by Tina

Dos veces hicimos el intento de ir a la Recoleta a sacar fotos para este post, pero el verano porteño nos agobió. No tenemos intención de poner a prueba dichos. La tercera no es siempre la vencida y el artículo va igual, sin fotos, hasta que el cielo y la tierra (y la sensación térmica) nos sean menos adversos.

La Recoleta: Entre el cielo y la tierra

Cada barrio debe su nombre a algo, como cada uno a sus padres. Así, por ejemplo, San Telmo proviene de su Iglesia y La Boca de ser la boca del riachuelo. En el caso del barrio de la Recoleta, sus padres indiscutidos son los monjes recoletos. El antiguo monasterio que hoy es parte del Buenos Aires Design albergó en su momento a estos humildes religiosos, parientes cercanos de la orden de San Francisco. Su misión, al igual que la de él, contemplaba una vida alejada de las tentaciones terrenales. La razón de que se asentaran allí es que originalmente no había nada. Cabe recordar que Buenos Aires nació en el sur y que sólo dio sus primeros pasos en la zona de Retiro y en Recoleta de la mano de los monjes.

Ninguno de ellos hubiera imaginado ni en la peor de sus pesadillas materialistas que su entorno se transformaría en el escenario de un vivo comercio y un cementerio boutique. Los monjes se levantarían de sus tumbas, incrédulos, para comprobar la ineficacia de su filosofía del despojo. Claro que a tal efecto podrían tranquilamente reubicarse al sur de la ciudad para terminar de cerrar el círculo de su escaso presupuesto. Lo cierto es que hacia 1822 el camposanto y huerta de los monjes se transformó bajo el gobierno de Bernardino Rivadavia en cementerio público. Así, los religiosos tuvieron que llevar sus prácticas espirituales y hortalizas a otras tierras, cultivando el barrio, en lo sucesivo, las más altas aspiraciones oligárquicas. Desde 1881, con el nombre de Alvear bajo su ala la rueda de la fortuna y la opulencia se debate entre el cielo y la tierra. Allí yacen ahora los restos de los personajes más importantes de nuestra historia: presidentes, ministros, escritores y gente de mundo. Además, se encuentra la cripta familiar de Evita a quienes fieles e infieles también (no todos la querían) visitan asiduamente. Todos los días, grandes buses cargados de turistas con el frenesí cuasi religioso de "cosas que hay que ver en la ciudad" se agolpan frente a la tumba de los Duarte. Y, no hay más que comprobar el número de feligreses que poseen los musicales pues si alguien hizo famosa a Eva, tal vez, sea Andrew Lloyd Weber. Sin embargo, junto a su fama yacen otros personajes que aunque inadvertidos para el gran público contribuyen a la mitología de la gran necrópolis. Tal es el caso del señor Aiello. Cuenta la leyenda que siendo cuidador del cementerio fue labrando, de a poco, la fantasía de construir allí su propia tumba. Ahorró el dinero suficiente, partió a Génova para crear un altorrelieve que lo mostrara con sus herramientas de trabajo y regresó con su sueño por cumplirse. Pero, no pudiendo aguardar estrenar la obra una vez la hubo colocado en su sitio, resolvió suicidarse con el fin de hacerlo. Y, sí, al final, la vida no le dio la fama pero se la dio su muerte. Como esta, hay incontables historias que se ciernen sobre mármol esculpido embrujando a los paseantes que se acercan, distraídos, a matar el tiempo.

Pero para terminar de matarlo del todo, nada mejor que una pasada por el gigantesco shopping de los cines Village justo a la salida del cementerio. El olor a pochoclo mezclado con las cervezas de los turistas en los bares recrea una película que nada tiene que ver con la anterior. Entonces, el exceso se viste de pasatiempo y de frivolidad bien de cara a la filosofía contemporánea. Si los monjes vivieran... se matarían. Y eso que todavía no se pasó por la Avenida Alvear adonde se pavonean los locales internacionales más exclusivos codeándose con el fastuoso Alvear Palace. Si la Recoleta tiene a sus padres, los monjes, también tiene a su padrino: Torcuato de Alvear. No cabe la menor duda de porqué todo lleva su nombre y, hasta resulta extraño que el café más famoso se llame "La Biela". Siendo él el primer intendente de Buenos Aires, le dio a La Recoleta sus ínfulas francesas, al abrir sus avenidas y coronarlas de bellísimos árboles. Si Buenos Aires responde en algún sentido a ser la "Paris de Sudamérica", ello se debe a la existencia de este barrio.

Así es como la Recoleta tuvo un corazón devoto originalmente pero fue desplegando una segunda piel que se reparte entre los tapados de las señoras de alta sociedad. Estas salen a tomar café todos los días mientras los paseadores de perros sacan a sus mascotas que se apostan frente a la placita del cementerio. Allí intentan descansar (el tráfico de gente es impresionante) "quienes nos precedieron en el camino de la vida" como reza un cartel afuera. Hombres, mujeres, trabajadores fantasiosos, llenan la tierra que antes labraran los monjes invocando a Dios en sus plegarias. Algunas hierbas se cuelan por entre las tumbas, pero la espiritualidad de los monjes en la Recoleta no es lo que más dio frutos.

Por Agustina Cardoni

lunes, 7 de enero de 2008

El Rosedal del Sur

Al igual que en el Norte, en Palermo, también en el Sur de la ciudad hay un rosedal.

La primera vez que escuché mencionar el rosedal de Puerto Madero fue en boca de un historiador especializado en urbanismo, quien dijo entonces que el rosedal del Sur “dialoga” con el del Norte.

Tiempo después, viajé hasta Puerto Madero para conocerlo (a Puerto Madero no se va, es una suerte de travesía que amerita el uso del verbo viajar). El jardín de rosas austral está en la Plaza del Huerto del Parque Micaela Bastidas, cuyo diseño estuvo a cargo de los arquitectos Magariños, Joselevick y Novoa. Emplazado en el sector Este del Dique 2, lo bordean la Avenida Rosario Vera Peñaloza, Julieta Lanteri y la Avenida Calabria. Es uno de los dos parques del barrio y fue el primero en construirse. Inaugurado en enero de 2003, tiene una superficie de 72.000 m2.

Lleva el nombre de Micaela Bastidas* (1742-1781), que fue la esposa de Tupac Amaru y tuvo un rol destacado en la rebelión indígena ocurrida en Tina (Perú) en 1780, la más grande en la historia del Virreinato. Derrotados, Micaela fue ejecutada junto a su marido.

La superficie del parque está dividida en tres barrancas. Muros de piedra sirven para crear distintos espacios.En uno de ellos, el Rosedal del Sur, crecen, como era de esperar, sólo rosas. Se plantaron más de 3.884 rosales de 27 especies, divididos en cinco canteros, cada uno de un color distinto. Las denominaciones de los rosedales son, por cierto, 27 nombres bastante extraños, pero tal vez lo son todos los nombres de las distintas especies de rosas. A saber: La sevillana, Valentina Casucci, Othelo, Anadía, Prestige de Lyon, Charles de Gaulle, Lady X, The Squire, Abraham Derby, Dove, Elle, L.D. Braihwaite, Johann Strauss, Elina, Jean Glono, Tchicovsky, Graham Thomas, Jardin de France, Dynastie, Gala Charles Aznavour, Mary Rose, Heritage, Pearl La Sevillana, Winchester Cathedral, Iceberg, Charles Aznavour y Swan.

Los otros dos sectores en los que se divide el parque fueron bautizados con nombres acordes a sus fines. En la Plaza de los Niños hay juegos infantiles y en la Plaza del Sol, se colocaron camastros de madera para que la gente se tire a descansar y a broncearse.

Cuando el historiador aquel mencionó el diálogo entre rosedales, en lugar de pensar inmediatamente el nuevo barrio de Puerto Madero como un espejo replegado sobre el Norte de la ciudad de Buenos Aires, se disparó mi recuerdo de un cuento de la serie Musicuentos que escuchaba, más que leía, de niña. Los musicuentos eran libros ilustrados que venían con un disco de vinilo adonde una voz en off hacía de narrador y con otras voces, música y sonidos varios, se teatralizaba la historia y los diálogos entre los personajes.

En “Las flores de la pequeña Aída”, durante la noche, los claveles, campanillas, violetas, alelíes, jacintos, azucenas, nardos, amapolas y margaritas, efectivamente hablaban entre sí, armaban bandos, rivalizaban, pergeñaban maldades, se diputaban el amor de Aída, y tras el amanecer, sumisas, volvían a su vida mansa de flores. Del cuento no recuerdo más que el diálogo florido y, lejanamente, a Aída, la niña que era la protagonista.

¿Qué diálogo sería imaginable entre las rosas sureñas y las norteñas? Posee mayor autoridad moral la voz de las palermitanas por tener renombre desde mucho antes? ¿O acaso por ser de mundo y haber visto pavonearse desde la alta burguesía porteña a principios del XX hasta, más recientemente, los travestis emigrados de la calle Godoy Cruz?Al final de cuentas, las del Puerto Madero no son más que su mero reflejo.

Pero si la historia es según quien la cuenta, pensaba que si, de repente, se borrara la memoria de que fue primero el rosedal de Palermo, el supuesto de que el del Sur lo proyecta, perdería todo sustento para los desmemoriados. Las rosas del Sur podrían decirse primigenias y mirarse al espejo al pensar las de Palermo. Visitar la Plaza del Huerto del parque Micaela Bastidas es un lindo paseo de domingo, pero nada de este complot deja entreverse entre las rosas del sur. Tampoco hace alusión al respecto el sitio oficial de Puerto Madero que puede navegarse haciendo clic aquí

*La Ordenanza Nº49668, dictada en 1995 por el ex Consejo Deliberante, le puso nombre de mujeres a las calles, parques y plazas de Puerto Madero. En todos los casos, se trata de heroínas provenientes de distintos orígenes sociales, con distintas profesiones, a las que las une un objetivo común: la defensa de la igualdad, la libertad y la independencia.



miércoles, 2 de enero de 2008

Fantasmas de Buenos Aires: Felicitas Guerrero

Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto era la hija de Carlos José Guerrero (quien introdujo al país las vacas de raza Aberdeen Angus) y de Felicitas Cueto y Montes de Oca.
Esta chica nacida en 1846 fue la mujer más hermosa de la Argentina según el poeta Carlos Guido Spano. Su vida fue una sucesión de tragedias: fue obligada a casarse a los 16 años con Martín de Álzaga, un hombre de 61 años de quien se decía poseía la fortuna más grande de Argentina, tuvo 2 hijos los cuales murieron, el primero a los siete años de edad culpa de la epidemia de fiebre amarilla y el segundo a pocos días de haber nacido. A los quince días de la muerte de su segundo hijo también murió su marido.

Tiempo más tarde, luego de cumplir un riguroso luto, Felicitas comenzó a frecuentar nuevamente las reuniones de la alta sociedad adonde era conocida como “la joya de los salones porteños” e inició un romance con Samuel Sáenz Valiente. Esto provocó la ira de uno de los principales dandis de Buenos Aires, Enrique Ocampo (tío de las escritoras Victoria y Silvina Ocampo), quien también la pretendía y no acostumbrado a sentirse rechazado, fue hasta la casa de Felicitas, la asesinó y luego se suicidó en un confuso episodio que hasta el día de hoy genera muchas dudas..

Los padre de Felicitas mandaron construir una capilla en homenaje a su hija. El lugar que se eligió para la construcción fue el mismo donde Felicitas fue asesinada, actualmente la calle Pinzón 1480, en pleno barrio de Barracas. El arquitecto fue Ernesto Bunge, quien si bien fue un arquitecto formado en Berlín, revalidó su título en la Universidad de Buenos Aires, transformándose en el primer arquitecto en recibir ese título en la UBA.

La iglesia tiene un estilo neorrománico alemán y neogótico con diversos elementos germánicos, es la única en su estilo que quedó en pie del mundo, su interior está decorado con mármoles, mosaicos españoles, mampostería policromada, vitrales franceses. Posee un reloj inglés con carrillón de un metro de diámetro (restaurado en Inglaterra y puesto en marcha por el Príncipe Andrés de Gales en el año 1999) y un órgano Walter de origen alemán de 783 tubos.

Son muchas las historias tejidas alrededor de esta Iglesia, que es la menos elegida por los novios para casarse en toda la ciudad. En su interior se puede encontrar una escultura de Felicitas junto a su hijo Félix, construido en mármol de Carrara, lo que convierte a esta iglesia en la única con estatuas de seglares. La leyenda también dice que tocar esa estatua es asegurarse una vida desgraciada y trágica.

Las rejas, en cambio, les devuelven a los amantes despechados su amor para siempre, sólo deberán ir hasta la entrada y atar un pañuelo blanco en cualquiera de sus barrotes (aunque el cura encargado de la iglesia asegura que es frecuente encontrar ropa interior atada).

Muchos vecinos aseguran que el fantasma de Felicitas aún vive en la zona, y que todos los 30 de enero, se la puede ver en su vestido blanco, llorando desconsolada frente a las rejas y que las noches de tormenta pueden escucharse las campanas por alguna razón que aún no pudo ser descubierta.

La iglesia fue totalmente reconstruida hace pocos años por Félix Bunge, bisnieto del arquitecto original con el generoso aporte de la Embajada de Alemania… sobre la cual también existe una leyenda oscura, pero esa es otra historia que contaremos más adelante.

Dante Galeazzi, sacerdote a cargo de esa iglesia, afirma que todos "esos cuentos" son mentiras de personas ignorantes y que él jamás escuchó ruidos dentro del templo. Para mayor información todos los domingos a las 11 de la mañana se realizan visitas guiadas, con un costo es de $ 5.

sábado, 29 de diciembre de 2007

El tiempo

Como Buenos Aires es borgiana (mucho más que Borges porteño) y éste es un blog sobre la ciudad, aprovechamos sus palabras para recibir el nuevo año.

Final de año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires, 1923.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Menos fea, más información. (Post sobre post)

Me pareció interesante sumar algunas cosas a la entrada del Duende sobre la plaza Bernardo Houssay la cual siempre estuvo rodeada de polémicas, porque además de ser efectivamente un lugar horrible fue inaugurada por la dictadura el 23 de julio de 1980 durante la gestión del casi nunca bien recordado intendente Osvaldo Cacciatore.

Su diseño estaba estratégicamente pensado para evitar la concentración de estudiante que quisieran manifestar, es por eso que construyeron senderos en forma de laberintos en vez de una plaza plana y verde. Por esta razón la nueva remodelación incluye un "un espacio cívico" con gradas donde los estudiantes puedan concurrir desde cualquiera de las Facultades que rodean la plaza.

La remodelación se dio porque un grupo de estudiantes demolieron una de las paredes de la plaza el 24 de marzo del año 2000 en repudio al golpe militar dado 24 años antes, y luego la FUBA convocó a un concurso público para su remodelación.

jueves, 20 de diciembre de 2007

El Pasaje Roverano

“…hubo una época en que las cosas me sucedían cuando menos pensaba en ellas, empujando apenas con el hombro cualquier rincón del aire. En todo caso bastaba ingresar en la deriva placentera del ciudadano que se deja llevar por sus preferencias callejeras…”

Hay pocos lugares públicos más o menos solitarios cercanos a la Plaza de Mayo durante los días de la semana. La excepción que más me gusta es la escalera que desciende al subsuelo del edificio Roverano (Av.de Mayo 560), a través del cual se tiene acceso a la estación Perú de la línea A de subterráneos.

De escalones de mármol resbaladizos, por el desgaste del tiempo y sobre todo de las suelas que los transitaron, la escalera se encuentra del lado izquierdo del Pasaje Roverano, ingresando por la calle Hipólito Irigoyen (y del lado derecho si se entra por Av.de Mayo), a la altura de los dos ascensores.

Hoy tomé este corredor para cruzar de Irigoyen a la Av.de Mayo con la excusa de continuar con la descripción de galerías cubiertas que me propuse hacer en el post Pasajes de Buenos Aires o el otro cielo.

Pero más que el cielo engañoso de la galería, buscaba la concavidad de un hueco - que es el otro nombre de un asilo-, y bajé los peldaños.

Me di cuenta que estaba tras un refugio, cuando en el descanso de la escalera sonó mi celular y atendí casi clandestinamente, con la sensación de que me habían descubierto. Conversé por teléfono durante unos segundos hasta que un hombre salió de una puerta a la que no le había prestado atención. Fin del escondite. No estaba más sola. No me gritó “Piedra libre” ni yo le dirigí la palabra. Volví a subir para caminar por la galería hacia la Av.de Mayo, como me lo había propuesto en un principio, y salí de nuevo a la ciudad.

Ya de regreso en casa, leí que el edificio del pasaje fue propiedad y residencia de Angel Roverano. Inicialmente, tenía dos plantas. En el nivel inferior funcionaban locales destinados a estudios de escribanos y abogados. En la planta alta, había viviendas.

El pasaje nació como consecuencia de la apertura de la Av. de Mayo, y la edificación original de 1878, con el trazado de la avenida, debió ser modificada. En 1912 comenzó la remodelación, obra del arquitecto Eugenio Gantner, que se concluyó en 1918.Al edificio se le agregaron tres subsuelos y seis pisos. La planta baja quedó convertida en un pasaje.

Esta galería fue la primera que unió la Av. de Mayo con la calle paralela, llamada antes Victoria, actualmente H. Irigoyen. Hoy en día funcionan allí locales, en su mayoría, negocios de confección de sellos y tarjetas personales, cerrajerías y estudios jurídicos. Se destacan dos comercios: el restaurante café “Ley Seca” en la entrada de Hipólito Irigoyen, y la peluquería con pedicura y manicura, Romano, sobre Av. de Mayo, que cuenta a su vez, dentro del local, con un despacho de lotería y quiniela.

La bibliografía dice también que es la única que tiene una entrada particular a la estación Perú de la línea A de subterráneos. La unión entre el edificio Roverano y la estación de subte construida por de la Compañía de Tramways Anglo-Americana es de 1915. No dice que es, además, un buen escondite. Pero no por mucho tiempo.



Nota al pie: El pasaje Roverano está cerrado los fines de semana. La cita es de J. Cortázar; la foto de la peluquería Romano y del pasaje, la copié del blog de comercios porteños del Gobierno de la Ciudad, dado de baja, al menos por el momento.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Menos fea

Hace unos días terminaron de remodelar la plaza más fea de la ciudad, y la dejaron un poco menos fea. Que no es exactamente lo mismo que más linda. La limpiaron un poco, le sacaron algunos canteros de hormigón, a los que quedaron les dieron un tono lila que combinan con las plantas que les pusieron adentro. Flores, muchas flores nuevas por todos lados. Tiene dos sectores bien definidos, uno espantoso hacia la calle Paraguay, que no tiene solución. Y el otro sobre Córdoba que, dependiendo hacia donde se mire, uno puede pensar: ¡claro! ¡quisieron hacer una plaza!

Pero no sé qué es lo que tienen con este lugar que le meten cemento a lo loco. En un sector habían levantado todo el piso, mal pensé que le iban a poner un poco de pasto, toooda una vereda enorme de cemento que llega hasta las baldosas grises.

Casi me olvido, el lugar en cuestión es la plaza Bernardo Houssay , entiendo por que le dieron su nombre, lo que no entiendo es por que la hicieron tan fea. Abajo unas fotos que saque hoy, y no se despisten porque parezca más o menos simpática, es el sol que los engaña.

Ya tengo elegido el monumento mas feo y se reciben aportes sobre otras cosas más feas de la ciudad.


miércoles, 12 de diciembre de 2007

Lugares a los que nunca volví

La misma escena ya la había vivido muchas veces. Doblar por Callao hacia Libertador, levantar la cabeza todo lo que podía, como si la quisiera despegar del cuerpo. Mirando para adelante. Esperando llegar a la bajada, poco a poco empezar a ver lo que pasaba a lo lejos. Pero esta vez era diferente. Paramos antes de cruzar la avenida, bajamos y cruzamos caminando. Algo de cola, molinetes, cortar la entrada, ya no importaba lo que pasaba del otro lado de libertador, ni en ningún otro lugar.

Estábamos en el Italpark ! El recuerdo de la ansiedad y expectativa, la certeza de diversión asegurada se mezclaban en una sensación distinta, que cuando era más chico era exclusiva de ese lugar.


Y empezaba la recorrida que nunca era la misma, dependía de la cantidad de gente que se agolpara ante cada juego. Tren fantasma, Super8 Volante, autitos chocadores, laberinto. Parar un rato a descansar, tomar alguna fanta, comer copos de azucar y seguir para la zona de entretenimientos robaplata tipo kermesse. Una mesa de 2 x 2 repleta de botellas vacías de gaseosas, unas contra otras, no podía entender como nunca, nunca, nunca, lograba que la argolla de acrílico colorado quedara en el cuello de alguna. No había caso.



Entonces continuaba pegoteado el recorrido por el pulpo, pasaba adelante del materhorn, lo miraba un rato y seguía para las tasas, el barco, el samba, volvía a mirar el materhorn... Me subía a la montaña rusa nueva, la del rulo, pero con el materhorn no, no me animaba. Así seguía la tarde empezando a repetir juegos, cada vez mas pegoteado, esquivando los asientos vomitados. Siempre había alguno en cada juego y esto lo pienso ahora, no los limpiaban nunca!

Las coordenadas son las mismas, pero no el lugar. Hace unos años, por un accidente en el juego que tanto miedo me daba, cerraron en Italpark. Había varias propuestas acerca de que hacer con el predio. Otro parque de diversiones, auditorio al aire libre, un complejo hotelero y un espacio verde. Hoy es un parque mas o menos lindo, con esculturas de Fernando Botero. Está cercado y su nombre es en honor a Julio Carlos Thays.

Si bien el lugar no es el mismo, pasé por libertador varias veces, pero nunca volví.


lunes, 10 de diciembre de 2007

La Boca x Tina

La idea de AndaBA fue hacer un blog sobre Buenos Aires para que quienes la vivimos, podamos contar sus historias. Y Tina se prendió. Nada menos que con la Boca.
Con acento italiano

Mucho se dice sobre la influencia de los italianos en Argentina. La comida, los rituales familiares, la forma de manejar caótica y también – investigación mediante – el acento napolitano en Buenos Aires. Además, si bien los primeros pobladores europeos en Argentina fueron españoles, la oleada inmigratoria fuerte a principios del siglo XX consistió en un 50 por ciento de italianos. Los ibéricos, por entonces, representaron tan sólo un tercio del total. Números aparte, la idiosincrasia nacional descansa – o se agita más bien – en el inconfundible espíritu italiano. La viveza criolla, tal vez, no sea más que un débil reflejo del auténtico “fare il furbo” italiano. Y, ni hablar cuando se trata del fulbo. Entonces sí, además de avivados somos todos fanáticos.


Hay un barrio al sur de la ciudad porteña que tiene ese típico gesto tano y no sólo por la ropa que cuelga teatralmente de las ventanas de sus conventillos. La Boca del Riachuelo es una sucursal italiana. Su historia de primer puerto bonaerense con sus míticas casitas pintadas de colores dibuja un cuadro que la mayoría desconoce. Siendo el lugar adonde arribaron los primeros italianos en busca de trabajo y un nuevo horizonte, pronto se quisieron apropiar de él. Rumores cuentan que hacia 1870, debido a un conflicto laboral, los extremistas genoveses quisieron formar una República independiente tomando como modelo a San Marino. Claro que la boca del riacho no tenía las características necesarias para convertirse en República. Al menos, así lo creyeron Julio A. Roca – el presidente en su momento – y el rey de Italia. Como siempre, los tanos se fueron de boca.

De todas formas, la zona del arrabal conserva sus puestos municipales como si se tratara de una nación. Así es como no hay un intendente sino un flamante embajador de la Boca. Por supuesto, la diplomacia en dicho barrio es tan sólo un nombre fantasía. Nadie espera encontrar demasiado protocolo allí donde la especialidad es la “pasión de multitudes”. Tampoco cabe simular una escena sofisticada en uno de los lugares donde empezó el tango. Remitido éste a sus orígenes prostibularios; donde están los italianos siempre hay un kilombo.

A quienes descendemos de los italianos nos encanta nuestra reconocida pasión y desparpajo. ¿Qué sería del mundo sin tanto ruido? ¿Qué sería de Buenos Aires sin esa trifulca de autos que coronan su vida ajetreada? La mayoría de las familias de origen itálico, sin embargo, no hablan su lengua. Tal vez, la razón sea que siendo tan similar al español, habrían aprendido dicho idioma rápidamente. Y le dieron su acento: ese cántico que siempre, y a pesar de todo, parece comedia. Por eso, una larga mesa con gente reunida en nombre del buen vivir y del buen comer (mangia molto che te fa bene) es un típico cuadro italianizante. El resto, son todas pinceladas porteñas.


Mucho se habla sobre el crisol de razas que conforma nuestra nación. A los argentinos nos encanta denotar orígenes multifacéticos. Así es que se reconoce a España como la "madre patria". Pero, la mamma, la que todos tienen en casa y cuya comida no se olvida nunca, es italiana.

Por Agustina Cardoni

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Africa en Buenos Aires

Desde hace muchos años escucho música de distintos lugares del mundo, ahí nace la inquietud que tengo por la música de Africa y su cultura. Hace unas semanas en casa de un amigo, conversando, llegamos al tema de la población negra en Buenos Aires. Cuando pasa esto siempre hay sorpresas: ...si en Buenos Aires no hay negros... Hubo algunos esclavos... la población negra fue mínima… y cosas así.

Atenti:

Los negros eran el 33 por ciento de las 44.000 personas que habitaban Buenos Aires en 1810. En 1838 sólo en Buenos Aires, la población de origen Africano era de 14.928, lo que dá un porcentual de 24,8%. Schavelzon arriesga que para los inicios del siglo XIX cerca del 35% de los habitantes de Buenos Aires llegaron a tener ese origen. Generando su propia cultura, lengua, costumbres, religión y asentamientos, su música, arquitectura, vestimentas, bailes, alegrías y tristezas.

Se los podía encontrar trabajando de: escobero, aguatero, pastelero, lavandera, jornalero, vendedor, músico, amas de leche para niños blancos. Y también siendo azotados junto a los muros del Cabildo, a modo de lección pública luego de alguna falta o por disconformidad del amo. Los africanos estaban organizados en tres tipos básicos de agrupaciones que comenzaron a constituirse en aquel Buenos Aires en tiempos del Virreinato: las cofradías, las naciones y las sociedades.

Se agrupaban en la zona sur de la ciudad Monserrat, San Telmo y San Cristóbal, llamados Barrio del Tambor y Barrio del Mondongo, por ser el instrumento y la comida más popular en ellos.

Hoy, en el siglo XXI, nuestra lengua está plagada de términos africanos: la mujer es una mina (grupo étnico africano), la música popular urbana es el tango (de tangó: bailar en Congo), los zapatos aún para algunos son los tamangos, nuestro servicio doméstico es la mucama (por otro grupo étnico africano), el estómago de la vaca es el mondongo (voz del grupo étnico africano Kunbundu), comemos sandía (traída de Africa para los esclavos en el siglo XVIII) y las achuras, como podemos leer en“ El matadero”, se les daba a los perros y las aprovechaban las esclavas.

A los niños se les canta arroró en la cuna, el quilombo es la palabra que en toda América indica los asentamientos de cimarrones (afros huidos al monte) y de allí su asociación con ruido y pérdida de ataduras sociales, nos comemos una banana cuyo nombre proviene de un pueblo en Mali, nos golpean el marote, comemos maní, tenemos el pelo mota, los ladrones van en cafúa de donde los saca mongo, y hay mucho más: palabras del lunfardo como tongo, o habituales como ganga, bochinche, milonga, zamba y mandinga son también del mismo origen.

Este tema del lunfardo es muy interesante, y muchos historiadores de ese lenguaje han hecho esfuerzos por demostrar que las palabras vienen del italiano, o de remotos lugares del universo, pero no de Africa: términos como bobo (aplicado a la tontera, no al corazón) son claramente afro, y en este caso es el de un pueblo del norte de Costa de Marfil, de donde llegaron muchos esclavos; pero para una cultura blanca es mejor pensar en Italia que en Costa de Marfil. Y lo mismo podríamos decir de bamba, conyengue, conga, matungo, ganga, yapa, bingo, bomba y bombo, mambo, baba y para los abuelos, yeye y yaya.

Al fin de cuentas quienes hablaban estos idiomas eran más de un tercio de la población de esta ciudad, al menos en algún momento. Sí, increíble. Es evidente que la cultura de la negritud está en nuestra memoria colectiva claramente inserta y profundamente enraizada.


El último parrafo extraído de Buenos Aires Negra, Daniel Schavelzon. Las cifras de: Emilio Ravignani “Padrones complementarios de la ciudad de Buenos Aires (1806, 1807, 1809, 1810)”, en FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS: Documentos para la historia argentina, tomo XII, Buenos Aires, 1919. Marta B. Goldberg. La Población Negra y Mulata de la Ciudad de Buenos Aires, 1810-1840. Desarrollo Económico. Vol. XVI Nº 61. 1976.

La ciudad en números

La ciudad tiene 15 comunas, 48 barrios, 12.255 manzanas y 2.154 arterias entre calles, avenidas, pasajes y autopistas; 720 son las plazas y 29 las calesitas. Tiene una dimensión de 202 km cuadrados, 60.5 kilómetros de perímetro y extensiones de 19,4 km de norte a sur y 17,9 km de este a oeste. El barrio más grande es Palermo y el más chico Villa Ortúzar.

Según el último censo realizado en el 2001, en Buenos Aires habitan 2.776.138 personas de las cuales 1.258.458 son hombres y 1.517.680 son mujeres, entre todos ellos forman 103 murgas.

Los ciudadanos que quieran registrar a su hijo en el Registro civil deberán fijarse en la lista de nombres permitidos y seleccionar uno entre los 9.732 posibles haciendo click acá , es importante aclarar no podrán ser más de tres y tampoco podrán ser extravagantes, ridículos, contrarios a nuestras costumbres, que expresen o signifiquen tendencias políticas o ideológicas.

Si bien 1.029 personas viven en la calle, tanto en Villa Devoto como en La Paternal sólo se registró una persona sin techo. El 99,9% de la población cuenta con agua de red, la misma cantidad cuenta con electricidad de red, el 92,8% cuenta con gas de red, el 99,6% con alumbrado público, el 99,3% con recolección de residuos y el 89,7% de los hogares cuenta con telefonía.

Podríamos seguir dando muchísimas cifras de la ciudad, pero sería aburridísimo, además el departamento de estadística y censos de la Ciudad lo hace bastante mejor que yo. Aquellos que quieran el anuario estadístico de la ciudad del año pasado lo pueden bajar gratis por Internet, en esta dirección.


Fuentes: Anuario estadístico de la Ciudad, Departamento de censos y Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, Wikipedia, "Las mil y una curiosidades de Buenos Aires" de Diego Zigiotto.

martes, 4 de diciembre de 2007

Mesura y desmesura: un té en el barrio chino

En el barrio chino porteño – o China block como dice un amigo -, hay una casa de té que tiene en la terraza un jardín con más de cincuenta bonsáis de más de quince especies diferentes.

Los bonsáis me gustan con la fascinación de lo que, a su vez, repele. Es una atracción como metáfora del deseo por aquello que está al alcance de la mano, de lo que es posible abarcar en su totalidad con la mirada, de lo que se puede someter presumidamente al arbitrio personal. La otra cara del encantamiento es la zozobra y la repulsión, que viene de adivinar la mutilación de lo que podía haber sido.

El paseo de ir a tomar el té a Karina, adonde puede también visitarse una galería de arte oriental, se completa caminando por Arribeños hasta llegar a Juramento. A pasos de ahí, sobre Juramento (de espaldas a la vía, sobre mano derecha), hay una zapatería y delante de ella, un árbol que se desmadró. Su tronco atravesó el techo de chapa del local, lentamente pero sin tregua.

Tal vez los dueños prefirieron no podar el árbol y dejar el techo librado a la suerte de la naturaleza, la ley del más fuerte.

No descarto la posibilidad de hacer la excursión a la inversa, para concluir en el salón de té, pero recomiendo quedar con la sensación postrera de saber que no todos (los árboles) son hijos del rigor.







Salón de té Karina
Dirección: Arribeños 2288 (entre Mendoza y Olazábal), Buenos Aires.
Teléfono: 54 (011) 47 06 23 82
Sitio Web: http://www.buddhaba.com.ar/
Abierto de martes a viernes de 14 a 19, y sábados y domingos de 12,30 a 19.

viernes, 30 de noviembre de 2007

La foca queda afuera


Mi gusto por los glosarios y la intención de continuar con el desarrollo de “Pasajes de Buenos Aires o el otro cielo”, me hicieron dar, en el Diccionario de Arquitectura en la Argentina (Liernur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando), con “Gianotti, Francisco Terencio”.
La obra más importante del arquitecto italiano, que llegó a Buenos Aires en 1909, fue el primer rascacielos de la ciudad: la Galería General Güemes, inaugurada en 1915.

El diccionario de arquitectura dice que el programa original del inmueble representaba un verdadero compendio de ciudad para la época. Si bien el párrafo hace referencia a que el edificio reunía oficinas, viviendas, un cine-teatro, dos restaurantes, un salón de fiestas devenido luego en cabaret, una sucursal bancaria y comercios - los principales espacios de sociabilidad de entonces -, imaginar el pasaje como una ciudad a la vera de la otra, me pareció la definición más apropiada, también en otro sentido, más íntimo que público.

Toda ciudad tiene una superficie y tiene límites. Y como ella, el pasaje y los universos personales tienen territorios y confines. Los accesos al edificio, que cuenta en su planta baja con el Pasaje Güemes, operan como una cinta de moebius, a través de la cual puedo transcurrir de un plano a otro, de un universo a otro, de una ciudad a otra, sin percibir que estoy atravesando una línea divisoria. Allí adentro, la ciudad no es la misma, y el cielo también es otro.

El pasaje porteño es la galería que describió Julio Cortázar en el cuento “El otro cielo”, publicado en 1967, en “Todos los fuegos el fuego”, donde alterna imágenes de una galería cubierta de Paris y otra de Buenos Aires.

De igual forma, para él dentro de ellas la atmósfera es su “patria secreta” bien diferente de la de afuera: “Hacia el año veintiocho, el Pasaje Güemes era la caverna del tesoro en que deliciosamente se mezclaban la entrevisión del pecado y las pastillas de menta, donde se voceaban las ediciones vespertinas con crímenes a toda página y ardían las luces de la sala del subsuelo donde pasaban inalcanzables películas realistas...Recuerdo sobre todo olores y sonidos, algo como una expectativa y una ansiedad, el quiosco donde se podían comprar revistas con mujeres desnudas y anuncios de falsas manicuras y ya entonces era sensible a ese falso cielo de estucos y claraboyas sucias, a esa noche artificial que ignoraba la estupidez del día".

Mientras transito el Pasaje Güemes con la mirada fija en la pantalla de la computadora, me acompañan el diccionario de arquitectura y Julio Cortázar. Pero surge otro personaje: Antoine de Saint-Exupéry, que según una nota de Clarín acerca del renacimiento de las galerías porteñas - publicada en octubre de 2005 - se hospedó en los años 30 en un departamento de la galería.

Me complace su presencia que no me resulta antojadiza. Después de todo, el artífice del Principito y de los planetas unipersonales me recuerda al universo, a la ciudad, a la casa de mi infancia a la que ya no podría regresar si no imaginariamente.

Sin embargo, mala es la costumbre de terminar de leer los artículos periodísticos. Me perturba el final de la nota de Clarín. El piloto francés habría alojado en la bañera de ese departamento en la galería, a una foca que trajo como mascota de su viaje a la Patagonia.

Prefiero pensar que es parte de una biografía apócrifa de Saint-Exupéry, que le hubiera gustado pero que la foca nunca llegó al microcentro porteño, que no entrevió la calle Florida desde el ventiluz del baño. Cualquier cosa. Pero foca no entra conmigo al pasaje.

De 30.000 m2, con 80 metros de altura y catorce pisos, la Galería Güemes fue la obra más importante del arquitecto italiano Francisco T. Gianotti, aunque la más conocida es la Confitería del Molino. Al pasaje Güemes se ingresa por Florida 165 y se comunica con San Martín 172. Una primera versión del proyecto contempló sólo el sector sobre Florida. Luego, un convenio con el Banco Supervielle, dueño del terreno sobre San Martín, determinó la idea definitiva de un edificio pasaje que conectaría ambas calles.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Empezando por los nombres

"Barrio reo, campo abierto
de mis primeras andanzas,
en mi libro de esperanza
sos la página mejor."
Barrio reo. Fugazot y Navarrine (1927)


De a poco, iremos contando la historia y curiosidades de cada uno de los barrios porteños. Como bien decía la entrada anterior, la ciudad se divide formalmente en 48 barrios. Para poder acercarnos un poco a la historia de cada uno, y tomándolos como un colectivo que finalmente termina dándole la fisonomía a la ciudad, me pareció interesante el ejercicio de ver de dónde provienen sus nombres. No me refiero a contar cada una de las historias de las denominaciones de los barrios porque sería un post demasiado largo, la idea fue agruparlos en razones para la selección de sus nombres.

Por ejemplo, once de los barrios porteños deben su nombre a los antiguos propietarios de las tierras, que decidieron lotear y organizar distintas villas aprovechando, en muchos casos, la llegada del tren. Cuatro estaciones de tren, a su vez, dieron su nombre a los barrios que se construyeron a sus alrededores.

Ocho son los barrios que también se referencian con algún accidente geográfico o con la actividad realizada en la zona, por ejemplo Barracas, La Boca, Mataderos, Chacarita (es el diminutivo de la palabra quichua "chacara" o "chacra"), etc. El mismo número corresponde a aquellos que han tomado su nombre de las iglesias que estaban en la zona.

Las empresas también dieron lugar a cuatro denominaciones: La Paternal era una empresa de seguros y Caballito era la pulpería de Nicolás Vila. Los próceres o figuras importantes de nuestra historia se quedan con siete de los nombres. Parque Patricios y Parque Chacabuco le dieron el nombre a sus respectivos barrios.

Villa Lugano y Versalles reciben sus nombres por la ciudad suiza y el palacio francés, respectivamente. Otro barrio que en un momento se llamó como una ciudad extrajera es Mataderos, al que se lo conocía antiguamente como Nueva Chicago, por la importancia que tenía esa ciudad estadounidense en el mercado de la carne.

Los últimos tres nombres corresponden a personas que han prestado distintos tipos de servicio a la ciudad: Puerto Madero recibe su nombre en homenaje a Eduardo Madero quien le ganó la puja al Ingeniero Luis Huergo para realizar la construcción del primer puerto completo de la ciudad. Coghlan fue un ingeniero irlandés que colaboró con la ciudad y con los ferrocarriles ingleses. Y, por último, Crespo fue un intendente recordado por apadrinar la ceremonia de la colocación de la piedra fundamental de la Fábrica Nacional de Calzado, acto que le dio un gran impulso al barrio conocido hoy como Villa Crespo.

Como resulta evidente, después de este artículo no resultará necesario dividir la ciudad en una gama -tan variopinta como tilinga- de Palermos.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Bien de Buenos Aires

Dos características de las personas que viven un tiempo en Buenos Aires, son la exageración y la fidelidad para con lo que se dice. No importa si es la estupidez más increíble, se la defiende con seriedad hasta el absurdo.

Rodolfo Sciammarella y Carlos Petit lo demuestran en los versos del vals que copio abajo

Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy;
hablo con su mismo verbo y canto con su misma voz[…]

[…] Cien barrios porteños, cien barrios de amor,
cien barrios metidos en mi corazón.

Tenían un catastro propio? Vivían la ciudad de otra manera? O eran devotos de las dos características? Cualquiera sea el caso (yo me inclino por la última), lo cierto es que gracias a estos versos es que se repite hasta el hartazgo la historieta de los cien barrios porteños.

Los cien Barrios en realidad son 48. Los dos últimos en alcanzar esa condición fueron: Puerto Madero en 1996 (muy a pesar de un amigo…) y la República separatista de Parque Chas, que luego de mucho batallar alcanzó el status de estado beligerante y ya en 2005 logró independizarse de Agronomía para convertirse en un barrio autónomo (¿?).


martes, 13 de noviembre de 2007

Un diccionario para el bolsillo del caballero

Si Antonio Dellepiane, autor del diccionario que cité en ¿Es verdad que dignifica?, no hubiera nacido en 1864, hubiera dejado tal vez un comentario en la sección Discusión del artículo sobre lunfardo de la wikipedia.

La enciclopedia libre define el término lunfardo como un argot utilizado en la región del Río de la Plata (Argentina y Uruguay) y atribuye su origen al lenguaje carcelario de los presos, usado con el fin de que los guardias no los entiendan.

Pero, para Dellepiane, la hipótesis de que las jergas criminales surgen ante la necesidad de rehuir las investigaciones policiales y de comunicarse en presencia de la víctima sin ser comprendidos por ésta, no resiste el análisis.

Sostiene que es inapropiado afirmar que los delincuentes utilizan el argot delante de sus víctimas o de la policía ya que, en tales casos, hacen uso de la mímica, que no despierta sospecha alguna y que pasa inadvertida para aquellos de quienes tienen interés en ocultarse. Agrega además, que de ser cierta la hipótesis que refuta, los criminales no darían al argot la publicidad que le dan (La abundancia de términos pertenecientes al lunfardo en las letras de tango es el mejor ejemplo).

El argot – dice - es un tecnicismo profesional. Si toda corporación de individuos que tienen los mismos hábitos o se proponen los mismos fines, tiende a formar una jerga propia, que vincula a sus miembros con lazos de solidaridad, “…¿Qué tiene, pues, de extraño, que los criminales reincidentes, que aquellos que han hecho del delito su profesión habitual y constituyen a la manera de una gran familia o de una corporación gremial, tenga a su vez, el suyo?...”.

Las ideas que expresa el lunfardo como los objetos que nombra están relacionados con el ejercicio de la profesión de delincuente, son consecuencia de las necesidades del gremio y les dan respuesta.

Para ejemplificar su argumento, Dellepiane enumera una clasificación que, al final de cuentas, fue lo que más me gustó: “…Así, al ladrón, y solamente al ladrón, puede ocurrírsele dar un nombre especial a cada uno de los bolsillos del traje masculino; en lo cual nuestro argot aventaja a la misma lengua ordinaria que no ha pensado jamás en establecer semejantes distinciones…”.

Cabalete: bolsillo en general
Grillo: bolsillo lateral del pantalón
Grillo de espiante: bolsillo trasero del pantalón
Grillo de camisulín: bolsillo del chaleco
Shuca: bolsillo lateral del saco
Sotala o sotana: bolsillo interior del saco, jaquet o levita
Media luna: bolsillo exterior del saco, donde suele llevarse el pañuelo

Contrariamente a lo que dice Dellepiane, se me ocurre que estas distinciones pueden importarle también a un sastre. Y a un sastre que sea, además, punga, le interesarán doblemente. Pero no me topé todavía con ningún diccionario de sastrería.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Lugares pornográficos

Tenía pensado ecabezar ésta entrada con unas fotos que había sacado la semana pasada. Debido a las bondades de la convergencia, no puedo usar mis fotos. Y no, no se trata del FICEBA. El otro día buceando en Curda Floja aterrice en un post de acerca de los mercados que me llevó a pensar que quedaba en Buenos Aires.

Cada vez que tengo oportunidad de viajar, una de las primeras cosas que hago es recorrer los mercados, me cautivan. Desnudan a lo bruto, el pulso del lugar y el caracter de la gente. Si la pornografía es la exposición de la intimidad sexual, los mercados son sin duda, lugares pornográficos. Donde se muestra, por mas que se quiera esconder, la realidad del lugar, la gente, el tipo de relaciones que entablan y en que términos lo hacen. Pornolugares, lugares pornorelacionales (?).

Pensando cuales quedaban en la ciudad, recordé uno de los primeros que conocí, el "Mercado del Progreso" en Caballito, primera junta con mas precisión. Quedaba cerca de mi casa en ese momento, y también cerca de la casa de mi abuela.

Se inauguró el el 9 de noviembre de 1889 a las cinco de la tarde. Construido por la Sociedad de Progreso de Caballito, y queda ubicado en la calle Rivadavia esquina Silva (hoy Barco Centenera), frente a las casas de Ocantos y al lado de un edificio en ruinas.

Durante éste año estuve pasando 2 veces por semana por la puerta de este mercado (no les voy a contar por que). El tema es que tengo las fotos, pero esta vez no puedo usar las mías.

Yo les dejó una que saque del sitio. Si si el mercado tiene sitio!!! Si quieren darse una vuelta y sacar las suyas, pueden llegar en el colectivo 132, o en el subte linea A, estación Primera Junta.