domingo, 21 de octubre de 2007

Estar en la vidriera


Aún cuando sea así, nadie (o casi nadie) piensa a cada rato que las cosas podrían ser de otra manera. De ahí la fascinación que me produce una foto antigua. Es la confrontación ineludible de que ciertos personajes, ciertas prácticas, ciertos lugares, fueron, en el pasado, de forma diferente. Hasta ahí la perplejidad. Luego, la pregunta: ¿Al conjuro de qué transformaciones dejan de estar disponibles dentro del catálogo de posibilidades para pasar al ámbito de lo impensable?

El escaparate de la foto es de 1941 y perteneció a la tienda local de Harrods, sucursal de la central londinense creada en 1849, que abrió sus puertas en la calle Florida 877, en 1914. Reproduce a modo de escenografía teatral los hechos: un cajón de madera - de los que el comercio internacional se valía para transportar mercaderías antes de la aparición de los container - , tres sedas inglesas agujereadas por una esquirla de bomba aérea, atravesadas por una soga que pone en evidencia el lugar adonde fueron desgarradas, un fragmento de esquirla de bomba aérea, las banderas argentina y británica, y un barco en miniatura sobre un tul, tan embravecido como los mares que surcaron los barcos mercantes ingleses. Y también un cartel que explicita lo que suponemos: “Gran Bretaña entrega su mercadería, a pesar del bombardeo constante de sus Puertos y Marina Mercante”. El slogan que utilizó la industria británica durante la Segunda Guerra Mundial era reforzado por vidrieras como ésta.

Una vidriera como la que muestra la foto ya no es pensable hoy en día en Buenos Aires (Y no sólo porque la Segunda Guerra Mundial terminó hace más de medio siglo y porque la filial porteña cerró en 1998).

No obstante, el afán reconstructivo de los escaparates permanece en vidrieras actuales, en las que la preocupación por la recreación de hechos y circunstancias está en función de cuestiones como la práctica deportiva, la administración del tiempo libre, entre otros.

Me refiero a los comercios que simulan las condiciones de un boliche bailable con escasa iluminación y música a todo volumen. Hoy mismo caminando por la ciudad me sorprendí ante una vidriera de ropa deportiva adonde al lado de los maniquíes había una botella de agua, que es indispensable beber antes, durante y después de hacer ejercicio para prevenir la deshidratación.

También en el marketing y la publicidad, tanto como en la propaganda política y su demasiado recurrente referencia a la seguridad, pareciera que los asuntos que nos atañen son estrictamente de orden individual, nunca nacionales o comunitarios.

2 comentarios:

Carina dijo...

Con las primeras lineas de tu texto uno se enfrenta de lleno a la lectura con sumo placer
Excelente articulo!
Tiene poesía

flor del irupé dijo...

Gracias Carina. Qué bueno que te guste.