miércoles 25 de junio de 2008

Un congreso, dos congresos, ningún congreso.



Los constantes e históricos desencuentros políticos entre los argentinos hicieron que existan en nuestra ciudad lugares prácticamente destinados a la protesta. Hay dos plazas que concentran la mayoría de las manifestaciones: una de ellas es la histórica Plaza de Mayo y la segunda es Plaza Congreso. Son una suerte de “protestódromo” de la ciudad.

Estas manifestaciones hicieron que el enorme patrimonio cultural, artístico y natural de estas plazas sea imposible de cuidar y mantener correctamente: la instalación de carpas, las pintadas con aerosol, miles de personas caminando sobre el césped, ollas populares, banderas colgando de los faroles, etc. son parte del escenario habitual que estas plazas nos ofrecen.

En esta entrada me interesa comentar algunos aspectos interesantes sobre la Plaza Congreso, una plaza casi olvidada por muchos que prefieren esquivarla para evitar encontrarse con alguna de las habituales protestas. Es frecuente ver a los periodistas que cubren las manifestaciones llamar a esa plaza con el nombre de “Plaza de los Dos Congresos”, lo cual es erróneo ya que la plaza posee el nombre de “Plaza Congreso”, el error puede ocurrir porque el monumento ubicado exactamente frente al parlamento recibe el nombre de Fuente de los dos Congresos, en referencia a la Asamblea del año XXIII y el Congreso de Tucumán.

El patrimonio artístico de esta plaza es realmente importante, podemos encontrar en ella, además de la Fuente de los Dos Congresos, una de las dos réplicas fundidas en el molde original, que existen en el mundo de la obra “El Pensador” de Auguste Rodin (la otra réplica se encuentra en Filadelfia). La obra fue comprada por pedido de quien en ese momento se desempeñaba como Director del Museo de Bellas Artes, Eduardo Schiaffino quien recomendó colocarla debajo de las escalinatas del palacio legislativo.

Pueden encontrarse también, gran cantidad de monumentos dedicados a personas que fueron importantes dentro de la vida política de nuestro país como Mariano Moreno, Alfredo Palacio, Ricardo Balbín y José Manual Estrada.

Otro error habitual cuando hablamos de Congreso es confundir esa zona con un barrio. En Buenos Aires no existe ningún barrio que tenga el nombre de Congreso y tanto la Plaza Congreso como el Congreso de la Nación se encuentran dentro del barrio de Montserrat.

Por último, existe una obra que causa fascinación en los estudiantes primarios que recorren la plaza: el Monolito del Kilómetro 0, que simboliza el inicio de todas las rutas y caminos argentinos. Vale aclarar que este tipo de construcción no es original de Buenos Aires ya que el primero de ellos se le atribuye al emperador romano César Augusto, pero también podemos encontrar obras similares, por ejemplo, en el Capitolio Nacional cubano en La Habana, o en la plaza ubicada frente a la Catedral de Notre Dame en París, o en la Puerta del Sol madrileña, o en el monumento indio en memoria de Mahatma Gandhi llamado Raj Ghat ubicado en la ciudad de Nueva Delhi.

Existen muchos más datos interesantes sobre esta plaza que iremos agregando en nuevas entradas. La historia de su construcción, las anécdotas de la bandera que la adorna (la más alta de la ciudad con 38 metros de altura), los edificios que se encuentran a su alrededor, etc. Pero no quisiera dejar de recomendar a los lectores que durante las tardes de primavera o verano disfruten un buen vino o una cerveza fresca al atardecer en los bares ubicados en el extremo de la plaza opuesto al Congreso, sobre la calle Luis Sáenz Peña.

Los colectivos que pueden llevarnos hasta la plaza Congreso son: Línea 5, 6, 7, 12, 23, 37, 50, 56, 60, 64, 86, 102, 105, 116, 150, 151 y 168. También se puede ir la Línea A del subte y bajar en la estación Congreso.

La foto que ilustra esta entrada fue tomada de http://www.wikimedia.org

sábado 7 de junio de 2008

Otro planeta

Desde hace unas semanas viajo todos los días hasta Puerto Madero. Es uno de los barrios mas nuevos de la ciudad. Confieso que meda comonosequé decirle barrio, el lugar parece otro planeta.



Apareció en 1996, sí apareció así como que de repente. Un día nos despertamos y como por generación expontánea en Puerto Madero había un barrio. Como decía, es como otro planeta. Aunque por la foto parece una redondeta.




miércoles 28 de mayo de 2008

Quijote

Hace unos meses en una entrada, mencionaba el que a mí juicio, es el monumento mas feo de la ciudad. Por una cosa o por otra, no tenía oportunidad de sacarle una foto. Pero como todo llega, hace unos días pasé por el lugar. Recordé que todavía no tenía la imagen y a la carrera desde un auto, disparé. Salió lo que ven abajo, y no es un problema de la foto, el esperpento es así de feo. Recuerden contarle a su autor, Aurelio Teno cuanto les gustó o que piensan de su obra.

lunes 19 de mayo de 2008

Primero la introducción

Tuve que entrar al blog de Curdafloja adonde leí que Aureliano Buendía comentaba “Primero se secó AndaBA, ahora es Curdafloja el desaparecido…”, para darme cuenta del tiempo que hace que no posteo nada. Me urgió colgar algo. Lo primero que se me ocurrió es este relato. Urbano, ultraurbano. A diferencia de otros posts de AndaBA, no se refiere a un lugar de Buenos Aires en particular sino tal vez a muchos.
Las fotos de la serie “Atardecer en Recoleta”, de Olivier Ubertalli, se llevan bien con la historia. Y son hermosas. Para verlas hace click acá.

La caja en el balcón
Miércoles 12 de marzo
El día amaneció plomizo y fresco. Eran las 9 y él todavía no había salido al balcón. La luz de un velador quedó encendida toda la noche. No bajó la persiana. Ahora las cortinas están corridas y no se puede ver la bicicleta fija colocada junto al ventanal, de manera tal que, al estar montado en ella, se tiene una vista directa a la galería y a la calle.
Afuera, hay plantas bien cuidadas y una caja de cartón corrugado, con agujeros, dos circulares en un lateral, y otro más largo que ancho en el frente, lo suficientemente grande para meter los dedos y alzar la caja. Desde allí se ve el supermercado, la construcción del edifico de estacionamiento en el predio que correspondía a lo que era un petit hotel, a más edificios. Están además los encargados, los paseadores de perros y algunos transeúntes. A esta hora de la mañana los ruidos son sólo los de los changuitos que se entrechocan cuando los empleados los acomodan para ponerlos a disposición del público en la entrada. Se escuchan también unos pocos autos y los colectivos de las dos líneas que circulan por la calle.
La persiana junto al balcón estaba baja y se levantó. Las cortinas se corrieron. La luz de la habitación está apagada. El hombre estará tal vez en penumbras o en algún otro cuarto.

Jueves 13 de marzo
El sol brilla en los vidrios de las ventanas de los edificios de enfrente y él fuma afuera. Una mano sostiene el cigarrillo, la otra está apoyada en la baranda. Mira en dirección a la calle. Tiene una panza saliente y compacta. La actitud es la de quien se toma unos minutos para respirar, pero hay algo en la escena que desentona con esta posibilidad. La tensión en el brazo apoyado. La mirada imperturbable frente a los ruidos del tránsito y los ladridos de los perros que los paseadores pasan a buscar a la mañana. Son las diez y él está en bermudas caqui y remera uno o dos talles más grande. Tiene poco más de cuarenta años, el cutis blanco y mucho pelo, negro y crespo. Ahora está despeinado.

Viernes 14 de marzo
Hay visitas en el departamento. Él conversa con una mujer. Lleva puesto un pantalón de jogging de color beige y un buzo azul, otra vez demasiado grande. Ella es rubia, de cabello ondulado, y tiene puesto un jean y una remera de hilo blanca. Es mayor que él, más baja y muy delgada. Podría ser su madre. Él, recostado sobre el ventanal, la mira mientras ella, de perfil, se agacha de manera intermitente y toca las plantas, corre de lugar las macetas, retira hojas secas, remueve la tierra. Al cabo de un rato entran al living.

Sábado 15 de marzo
Con el pie derecho se rasca la pantorilla de la pierna izquierda. Hoy tiene un short negro con tres rayas blancas a cada lado, como los de futbolista, y una remera blanca, arrugada. Está recostado en la puerta entreabierta del ventanal y mira la caja como si adentro hubiera algo digno de mirar. Inclina la cabeza y observa el interior fijamente durante varios minutos.
Entra y vuelve a salir al rato con un cigarrillo en la mano. Fuma apoyado en la baranda. A diferencia del resto de la semana, son casi las 11 pero no hay ruidos ni gente en la calle y apenas un poco de tránsito. Pita y larga bocanadas grandes de humo cada pocos segundos. No tiene apuro. Ni calma.

Domingo 16 de marzo
Hoy no está. Sí otra mujer, parecida a rubia que podría haber sido su madre; tal vez es la misma. Ésta tiene el cabello rubio oscuro y un brushing hecho. Está vestida de negro, lleva puestos un pantalón y una campera de hilo. Usa anteojos de marco grueso y oscuro. Tiene un pañuelo anudado en el cuello de colores anaranjados. Con las manos entrecruzadas, está reclinada. Mira la calle. Luego retrocede y fija la mirada en el interior de la caja de cartón. Él no sale aún. Seguro no lo hará en todo el día.

Lunes 17 de marzo
A la mañana no se asomó. A la tarde, alrededor de las 7, me crucé con él camino al gimnasio, en la avenida Santa Fe. Vestido con jeans y zapatillas, caminaba como de paseo, pero sin prestar atención a la gente ni al rumbo. Además de blanca, tiene la cara inflamada y tensa, los ojos saltones y el pelo tan largo que da la impresión de estar desaliñado. Andaba con las manos en los bolsillos de una campera, y desentonaba con el resto de los transeúntes, a quiénes podía adivinárseles un objetivo en su andar: el regreso a casa después del día de trabajo, un encuentro con amigos en un café, las compras del día. Él caminaba sin ver.

Martes 18 de marzo
Una vez más la persiana del living está alzada, la luz quedó encendida toda la noche. La persiana de la habitación contigua está también abierta pero allí la luz está apagada. Se ven sólo las cortinas de muselina de color grisáceo.
Sale recién cerca del mediodía. Está vestido con un bermudas a cuadros y una remera azul cobalto, algo desteñida y sin planchar. Cruza los brazos sobre el pecho y se para a medio metro de distancia de la baranda. Tiene las piernas ligeramente entreabiertas. Mira la calle. De repente levanta la vista y la dirige hacia mi balcón – que está en un tercer piso – y mira directamente hacia mí; yo lo observo desde el mío. Nos miramos durante dos o tres segundos. Bajo los ojos rápidamente y sigo acomodando la ropa en el tender. Intuyo que su mirada sigue clavada en mí, como cuando mira el interior de la caja de cartón.

viernes 4 de abril de 2008

Hamburguesas en el Luna

Siguiendo con la recorrida de lugares para comer al aire libre en el microcentro llegamos a Corrientes y Bouchard, dónde está el Luna Park, que en realidad ocupa toda la manzana.

Desde 1931 el Palacio de los Deportes fue escenario de espectáculos artísticos y deportivos contando con mas 23 titulos de box, hasta la presentación de Marco Antonio Solís. También fue sede de los funerales de Carlos Gardel, Julio Sosa y Ringo Bonavena .

Resulta que en diagonal a éste lugar, hay un puesto callejero de comida que ofrece panchos y hamburguesas. estas últimas son las mejores de todo el microcentro. Son enormes y muy ricas con gustito a parrilla y se les puede agregar de todo. Papas, huevo, salsa criolla y unos cuantos condimentos. El lugar es un monumento a la falta de higiene, apoyado contra una de las esquinas del correo recibe a ls proveedores y comensales al mismo tiempo.

La verdad es que es sólo para valientes, pero si algún día pasan por ahí a sacar alguna entrada, armensé de valor y prueben una, están buenisimas.

sábado 29 de marzo de 2008

Sísifo en la Plaza de Mayo

La Odisea cuenta que Sísifo fue condenado perpetuamente a empujar una piedra enorme cuesta arriba en una montaña pero al alcanzar la cima; la piedra rodaba siempre hacia abajo. Sísifo tenía que empezar desde el principio.

En los días posteriores a algunas protestas, cuando los monumentos y edificios de la Plaza de Mayo y alrededores se pintan de graffitis, la zona se puebla de sísifos urbanos y uniformados de azul cobalto, que comienzan a despintar con prolijidad lo que los manifestantes harán de nuevo al día siguiente. Con suerte, una semana después. Más pesado que los tachos de pintura blanca y las brochas que acarrean para borrar figuradamente las huellas del devenir del país, será la certeza de que el esfuerzo es – ahora sí literalmente - inútil.

Imagino que en Estados Unidos estos trabajadores harían una demanda al Estado, a la empresa de limpieza o a quien sea y pedirían una indemnización por perjuicio moral. Acá estamos (demasiado) acostumbrados a los daños.





Las pintadas en la Pirámide de Mayo tras las manifestaciones por la contienda entre el gobierno y el campo.

viernes 21 de marzo de 2008

De sánguches y flores

-¡Qué extraña escena describes – dijo - y qué extraños prisioneros!
-Iguales que nosotros – dije - porque, en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos? Platón

Antes de plegarme a la propuesta de Tina de ir a Las Violetas a comer sánguches de miga porque (insistió) son increíbles, pensaba que se trataba de una exageración, que la única verdad es la realidad -o que la realidad es la única verdad, que es lo mismo- y que el sánguche de miga es bastante parecido en todos lados, más rico, menos sabroso, tostado, carlitos, croque monsieur, pero sánguche de miga al final de cuentas.

Sin embargo, me equivoqué. Como sentenció mi amiga, la idea – según la concepción platónica – del sánguche de miga está (a todas luces) en Las Violetas.

Esta semana fuimos con Tina a la confitería de la Avenida Rivadavia y Medrano, y nos acercamos primero al mostrador para hacer una primera apreciación visual de una de las especialidades de la casa. Estaban apilados unos sobre otros al lado de una balanza y de la empleada, que nos decía en forma terminante que no podían hacer nuevos gustos porque se habían quedado sin pan.

La desilusión nos nubló el entendimiento y empezamos a elegir gustos entre los que había ahí - jamón y queso, ananá y jamón y roquefort, jamón y nuez – aún cuando Tina repetía una y otra vez: no saben lo que son los de corazón de alcaucil, mirando en derredor como si buscara en los exhibidores el pan de miga que la mujer decía no tener.

La empleada nos dijo que si los íbamos a comer en el café, teníamos que pedirlos directamente en la mesa y ésta fue la oportunidad de convencer al mozo. Lo logramos. No sólo había más pan -¡cómo imaginar una panadería sin pan!- sino que pedimos tres variedades: corazón de alcaucil y jamón, caprese (con aceitunas negras) –y pavita, palmito y salsa golf.

El primero es (al decir de Tina) mejor que el alcaucil mismo. Y estoy por completo de acuerdo con ella. El de caprese no deja dudas acerca de su identidad. No es una ensalada ensanguchada. Todo lo contrario, tiene total autonomía con respecto a todo lo conocido y es un sánguche hecho y derecho, único e incomparable con nada. El de pavita nos gustó, sólo a secas. Pero dos de tres es una buena performance.

Pagamos sonriendo y no nos fuimos sin antes mirar los vitrales de la confitería y reflejarnos en los muchos espejos como seguro lo hicieron personajes de una Buenos Aires de antaño.

Tuvimos también la certeza de que cualquier sánguche de miga que pudimos haber comido en el pasado no fue más que mera sombra imperfecta, reproducción inferior de los de Las Violetas, un reflejo que atisbamos atados por las piernas y el cuello dentro de la caverna.

viernes 14 de marzo de 2008

Suplemento Psi!

Bien sabida es la afición porteña al psicoanálisis. Parecería ser, a priori, contradictorio que en la que bien supo ser tierra de malevos, millones de almas en pena circulen por casi idénticos consultorios desplegando rosarios de lamentos.

Si bien es cierto que las temáticas habituales del tango durante muchos años se refirieron inequívocamente a amores desencontrados o a una relación patológica con las progenitoras de los machos cantores argentinos, también es cierto que la barra de amigos, el café de la esquina, los burros, el escolazo o un estaño amable siempre fueron suficientes para ahogar las penas de los eternamente mortificados habitantes de la ciudad.

Incluso a la parte de Palermo más cercana a la Recoleta (en realidad a Barrio Norte aunque este no ostente el título formal de barrio) es conocida con el apodo de “villa Freud” por la cantidad de psicoanalistas que atienden por esos lugares.

Afortunadamente para los compadritos que le andan buscando la vuelta a “barbeta” Freud, Horacio Casco y Batista Benengeli editaron un libro que se llama: “Pa manyar a Freud”. Esta obra que ellos mismos definen como “un relato de un análisis reo y mataburro de psicoanálisis”, es realmente entretenida e incluso aleccionadora para aquellos que no junamos demasiado del tema de esos que te revisan la azotea.

Para bajár el libro gratis, se puede entrar al sitio del proyecto, aunque en realidad hay un vínculo directo, está bueno pasar a visitarlos… si después de todo, hasta la foto de este post les chorié.

viernes 7 de marzo de 2008

Microcentro. Santos y Narcotraficantes.

Desde hace un tiempo estoy mucho en el microcentro porteño. La caldera del diablo es el lugar dónde se concentran las actividades financieras de la ciudad. La cantidad de gente que hay es realmente abrumadora, y la fauna es de lo más variada. En horas pico, circular es bastante incómodo ya que los edificios empiezan a vomitar gente más o menos a la misma hora. Hay calles peatonales y semipeatonales que se cruzan con otras por las que ciculan autos, que pegados trompa con cola parecen vagones de un largo tren. Cuando salgo al medio día, trato de evitar un poco todo esto y comer algo en un lugar más relajado.

Sin buscar encontré tres en los cuales guarecerme. La Iglesia y Monasterio Santa Catalina de Siena es uno, muy lindo. Monumento Histórico Nacional, que fue restaurado y en 2001 fue sede de casa FOA. Actualmente tiene un lindo patio con árboles y palmeras, donde funciona un restaurant en el que nunca comí. Pero es un buen lugar para sentarse en alguno de sus bancos y pasar un rato.

Otro lugar, también con un templo al lado, es el Convento de San Ramón nonato, Patrono de las embarazadas y de las que esperan concebir un hijo. También Monumento Histórico Nacional, también con un patio interno, con varias opciones para comer a su alrededor. Tampoco comí en ninguno de estos restaurants, pero si sentado en los bancos del jardín con provisión propia. Si bien no tuvo la suerte de albergar a casa FOA, está muy bien mantenido y es más tranquilo que el anterior.

El último de los lugares de éste recorrido es una plaza. Queda adelante de la comisaria de la policía turística. Tiene varios árboles que dan sombra y albergan a un montón de palomas que molestan a las personas que comen ahí. La semana anterior a las lluvias, estaba sentado en uno de los bancos de material, cuando veo aparecer a un tipo muy parecido a Luca Prodan. Pelado, bermudas largas y musculosa. Llevaba una mochila en la espalda y se sentó lejos. A los pocos segundos encara derechito para dónde yo estaba pide permiso y se sienta. Enseguida escupe: "todo esto lo mueve el narcotráfico", ajá. No sé que más dijo con la excusa de decirme que tenía 60 mil pesos en la mochila y que los tenía que cambiar por merca.

Al principio me pareció interesante el personaje pero como insistía con su conversación y con la merca, decidí irme. Pensando en una madre virgen, un santo que nunca nació, un trasnochado y en algún otro lugar semipúblico para comer al aire libre.


jueves 14 de febrero de 2008

El Río de la Plata en África

Gracias a la visita del dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro “el asesino de Malabo” Obiang, y a un artículo escrito por Rosendo Fraga en el Diario Clarín, pude enterarme que ese país africano dependió de Buenos Aires. Si bien era originalmente una colonia portuguesa, luego del Tratado de San Ildefonso pasa a ser colonia española en 1777 y desde Madrid se dispone poner esa colonia bajo la dependencia del Virreinato del Río de la Plata.

Es por eso que Guinea Ecuatorial es el único país africano donde se habla el español, algo así como Filipinas en Asia, que formó parte del Virreinato de México.

sábado 9 de febrero de 2008

El atorrante

En 1868, luego de que se dictara una ley por la que se autorizaba al gobierno a ejecutar obras de salubridad pública debido a una epidemia de cólera, a fin de proveer a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires con el servicio de agua corriente, se probaron las máquinas y cañerías adquiridas por un emisario en Gran Bretaña.

Cien años más tarde, José Gobello y Jorge Bossio publicaron un libro que compila reflexiones acerca del atorrante (Ediciones del Candil, Buenos Aires, 1968) que, el mes pasado, encontré en el estante de una biblioteca cuyos dueños perdieron el recuerdo de los libros que hay pero que los guardan muy celosamente.

La Academia define al atorrante como “vago, callejero y generalmente sin domicilio”. En cuanto al origen de la palabra, la tesis más difundida es, precisamente, la que vincula el término con la marca de los tubos destinados a derivar las aguas del río. Se dice que a fines del siglo XIX, los vagos dormían en un depósito costero, dentro de los caños usados para las obras de salubridad pública. Se dice también que los tubos ostentaban la inscripción A. Torrent, nombre del fabricante. Como los vagabundos se convertían en huéspedes de A. Torrent, se los llamó atorrantes.

Sin embargo, uno de los autores y compiladores del libro mencionado, José Gobello, no adscribe a la teoría de que a los vagabundos se los denominó atorrantes porque dormían en los caños fabricados por A. Torrent. En primer lugar, tanto él como otros estudiosos del argot no lograron comprobar que los caños tuvieran tal inscripción. Además, de haber tenido los caños esta leyenda - se pregunta Gobello - porqué no se derivó atorrentear en vez de atorrar. Dice, en cambio, que atorrar (dormir) – de la cual derivaría atorrante - puede ser una palabra de origen extranjero, “por muy porteña que parezca”. “Más porteño que pibe no hay nada, y lo trajeron los inmigrantes”, concluye en el libro “Lunfardía” (José Gobello, Buenos Aires, 1953).

Si fue primero el término atorrar o atorrante, parece cuestión muy delicada y difícil de desentrañar. A su vez, si deriva de la leyenda de los caños de Torrent, de la circunstancia de que los vagabundos deambulaban con el “ hato” errante (su ropa y otros objetos de uso ordinario a cuestas), o si el término atorrante surgió porque en los almacenes de fin de siglo, cuando aparecía algún desocupado en busca de trabajo, lo empleaban en torrar café, pareciera prometer muchas páginas más de disquisiciones.

Pero las que ya fueron escritas por distintos autores de finales del siglo XIX y principios del XX, bastan para la sorpresa, la sonrisa y hasta el romanticismo. Transcribo algunos fragmentos y espero no atorrar con la extensión de las citas.

Antonio Dellepiane, Las causas del delito, Buenos Aires, 1892.

“La Argentina difiere [..] fundamentalmente de los países europeos. Lejos de estar en exceso, los brazos faltan aquí. El trabajo abunda y es ampliamente remunerado. La vida es fácil y cómoda. Los artículos de primera necesidad: el pan, la carne, están al alcance de todo el mundo. El clima es benigno, suave, perfectamente soportable, aún en las estaciones extremas. El pobre no tiene que pensar, como en Europa, en aprovisionarse, en reunir combustible, que le ayude a resistir un invierno inclemente. El jornalero más humilde, el doméstico, el pequeño industrial, ganan lo bastante no solo para satisfacer sus necesidades premiosas y hasta superfluas, sino para ahorrar, para crearse un fondo de previsión, para constituirse un pequeño capital que le sirva de palanca con la cual puedan llegar a posición holgada y cómoda que forma el blanco de sus deseos, el objetivo de sus aspiraciones. La lucha por la vida es, pues, aquí menos ardiente que en Europa y reviste caracteres más humanitarios…El pauperismo, esa llaga terrible de las sociedades europeas, es completamente desconocido en la Argentina….Estas circunstancias económicas traducen su influencia en las distintas manifestaciones de la actividad inmoral y criminosa…La vagancia que hasta hace poco era desconocida en la República con el carácter que tiene en el antiguo continente, comienza, es cierto, a manifestarse en las ciudades populosas del litoral; pero apresurémonos a decir en honor y descargo nuestro, ella puede hasta ahora ser considerada como una planta exótica en nuestro suelo, como un producto importado, como una enfermedad extraña a nuestra patología social. Seguros estamos de que si se levantara una estadística de los atorrantes…, se hallaría que la casi totalidad de ellos, por no decir la totalidad de ellos, está formada por vagos extranjeros importados".

José María Salaverría; Tierra argentina, Madrid, 1910.

"¿No habéis visto en las grandes corrientes de agua cómo marchan por el centro del río los barcos, la hojarasca, los añosos árboles, todos bogando triunfalmente por entre los remolinos hacia las remotas riberas, hacia desconocidos mares? De esta manera son las corrientes humanas de las grandes ciudades modernas: van navegando entre los remolinos, arrastradas velozmente hacia la gloria o hacia la fortuna. ¿Pero no habéis visto también cómo del centro de la corriente se apartaban algunos troncos, algunas hojas o algunas barquillas, y buscando el reposo de los remansos se detenían junto a la margen del río y de allí quedaban inmóviles hasta pudrirse y desaparecer? En los grandes ríos humanos hay asimismo algunos seres que se apartan de la corriente triunfal y buscan los remansos, se detienen hasta morir como sombras desvanecidas…En este remolino de Buenos Aires flotan los hombres de audacia, de presa y de voluntad. Pero ciertos hombres no pueden resistir la fuerza del remolino y se apartan a un lado. Son los vencidos. En el argot del país tienen un mote singular: se les llama atorrantes. El nombre de atorrante lo expresa todo; equivale a holgazán, hambrón, vagabundo.... Pero el atorrante no quiere restituirse a su vieja patria remota; hasta la fe en la patria se ha desvanecido. Tampoco quiere vegetar en oficios humildes y sin redención. Prefiere abandonarse en brazos de la fatalidad, como la hoja seca. Tiene el abandono, la resignación y la dulzura de la hoja seca. En medio de sus greñas y de sus barbas hirsutas, los ojos azules miran con la vaguedad del que se encuentra al otro lado de los fenómenos. Ha encontrado la raíz del problema. Sabe todo cuanto sabía Diógenes: que todas las cosas son mentiras."

P.B. Tito, en P.B.T., Nº 17, 14 de enero de 1905)

"La foule, en caso de juzgar al personaje, lo hace con más felicidad: como que cada individuo tiene su preconcepto….Y no podía ser de otro modo: que no está en plena calle y negocios de por medio, para disquisiciones de gabinete. ¡Paso al atorrante!….cada cual piensa a su modo.La dama de perifollos - ¡Qué asco! Los seres tímidos - ¡Qué miedo! El sabihondo – Un caso. El delincuente – Un colega sin historia. Los cándidos - ¡Qué raro y feo! El buen hombre - ¡Pobre infeliz! La beata - ¡Un maldito de Dios! El pesimista – Un dichoso. El novísimo psicópata – Un abultado. El mismo, en distinta ocasión – Un disgregado erotómano. El pisaverde….hace que no lo ve. El acaudalado - ¡Un haragán! El justo – Una célula enferma del todo social. Es menester curarla. El determinista – Un producto del medio. El juez – Un inútil que pide la eliminación. El revolucionario - ¡Una injusticia social que grita venganza!"

*En la foto, caños similares a los habitados por los atorrantes.

lunes 28 de enero de 2008

El barrio más grande, según Tina

Siguiendo con el recorrido de los 48 barrios porteños, Tina pinta un retrato del único que, además de ser el más extenso, parece tener la propiedad de propagarse más allá de sus límites territoriales. A la postal de Tina, Andaba suma postales palermitanas - “literales” - de antaño, tomadas del libro: “Buenos Aires hace cien años, a través de sus postales”, publicado en 2003, por la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

Palermo

Podría ser Italia, aunque ha querido ser Francia a través de sus jardines y amplias avenidas. Palermo Chico recuerda lo más encumbrado de Londres y, tanto Hollywood como Soho, le imprimen su fascinación norteamericana. Es el barrio más grande de Buenos Aires. Es tan inmenso que su nombre sólo resume lo mejor que la ciudad tiene para ofrecer: vida al aire libre, sofisticación y diseño. Tres conceptos que echarían chispas en cualquier otra parte, conviven de maravilla en Palermo. Y la vanguardia tampoco queda fuera de cuadro una vez que se avizora un posible Palermo Queens en la zona de Villa Crespo. Hay de todo, para todos los gustos, de día o de noche cuando el bosque deja de lado su aspecto bucólico y se enciende en “zona roja”. Zona que arde estos días, además, debido al cambio de horario. Los últimos patinadores se chocan en su camino con los trabajadores de la noche – que ahora arrancan más temprano – y la cosa se torna de un “Central Park West” en “La jaula de las locas”.

¿Cuál es la historia, sin embargo, de este gigante porteño? No se sabe a ciencia cierta si debe su nombre a la ciudad italiana homónima, si fue un tal Juan Domínguez Palermo que hacia 1600 poseía la mayoría de las tierras o si se debe a la Iglesia adonde se adoraba a San Benito de Palermo. En realidad, podría ser que Juan Domínguez oriundo de Palermo mandara a construir una iglesia con el patrono de su ciudad natal y… todos contentos. Lo único cierto es que el barrio fue el escenario cotidiano de Don Juan Manuel de Rosas hacia 1830. Escenario desmantelado 20 años más tarde debido a su derrota frente a Urquiza. Con el consabido cambio que implicó en la historia política argentina, este traspaso de poder representó para Palermo la posibilidad de un gran espacio verde recreativo y un monumento a caballo del caudillo vencedor entrerriano. Los travas aparecerían mucho tiempo después. Antes sería el turno del zoológico de Bs As inaugurado por orden de Domingo F. Sarmiento, enemigo acérrimo de Rosas. “En el nombre de Rosas” sólo quedaría luego de su derrota en el 52’, el rosedal de Palermo. Pocas flores para el Restaurador de las leyes que partió a Inglaterra adonde terminó sus días como granjero. De algo le habría servido practicar el cultivo con tamaña extensión de terreno, en sus días gloriosos.

Si bien su magnanimidad es una de las características del barrio, a ratos todo se concentra en un solo punto. Sus dos plazas principales, adonde se reúne la gente a comer, beber y comprar, son la placita Serrano y la plaza Armenia. Y si bien la primera es más hippie que la segunda, ambas inspiran a la reunión, la adquisición de accesorios y venta de fragancias de marcas copiadas. Por cierto, hay quienes creen que éstas huelen mejor que las originales. Claro que también se trata de clientes asiduos. Lo interesante es que en Palermo convive todo. Los locales de marcas importadas, los diseñadores independientes, tiendas desmontables que invocan a grandes marcas a la sombra de un árbol… en resumidas cuentas, vendedores y compradores que apuestan a la diferencia (en nombre del diseño, del precio o ambos) Palermo Soho es la diferencia aunque después estemos todos vestidos iguales.

Y sí, digámoslo, Palermo es antes que un barrio un pensamiento cuya máxima evoca lo más hedonista, fashion y gourmet que todos tenemos dentro. No es casual que siempre, de paseo por el barrio, te encuentres con algún conocido.
Por Agustina Cardoni



Los Portones de Palermo. Existieron de 1875 a 1917, año en que fueron demolidos. Constituían el acceso al Parque Tres de Febrero que se cerraba por las noches.



Parque Garibaldi (Plaza Italia)


Un restaurante célebre que había en el Pabellón de los Lagos, en Palermo.


Actual Avenida del Libertador y Sarmiento. Había una fuente y ya estaba emplazado el monumento a Sarmiento de Rodin.


El Jardín Zoológico, fundado por el Presidente Sarmiento a fines de 1884, en el Parque Tres de Febrero.

jueves 24 de enero de 2008

¿Capital Federal?

Recién después de proclamarse la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, los porteños comenzamos a olvidar, de a poco, el nombre de “Capital Federal” con el que habitualmente nos referíamos a la ciudad. Los vaivenes políticos de nuestro país hicieron que Buenos Aires sea el asiento del Virrey y la capital del Virreinato del Río de la Plata en 1776.

La ciudad se federalizó tras la revolución de 1880 contra el gobierno de Avellaneda - a cargo de Carlos Tejedor - y en 1882, el Congreso Nacional creó las figuras del Intendente y el Concejo Deliberante de la Ciudad, dejándole al Presidente de la Nación en conformidad con el Senado, la potestad de cubrir el cargo ejecutivo y al voto popular, los puestos legislativos.

Tras la reforma de la Constitución Argentina de 1994, luego del famoso Pacto de Olivos, la ciudad pudo contar con su propia carta magna que fue finalmente aprobada en el año 1996. El primer intendente que asumió fue Torcuato de Alvear (hijo de Carlos y padre de Marcelo Torcuato), designado por Roca en 1883 y el primero que logró desempeñarse como Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires - gracias al voto directo - fue Fernando de la Rúa.

El barrio de Belgrano, cuando todavía no era parte de la ciudad de Buenos Aires, fue capital de la república por orden de Avellaneda de junio a septiembre de 1880, esto es, mientras duró el levantamiento del Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor, mencionado anteriormente. El lugar desde donde el entonces presidente y parte del poder legislativo gobernaba el país es el actual Museo Sarmiento.

Por último, en 1986, el entonces Presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, dispuso el traslado de la Capital Federal a la ciudad de Viedma (Ley Nº 23.512), actual capital de la provincia de Río Negro. Por supuesto, esto nunca fue llevado a cabo pero la norma sigue vigente, incluso en el tercer artículo de la Constitución de la Ciudad aclara que el gobierno de la ciudad cooperará con las autoridades federales “mientras” siga siendo la capital de la República.


Texto de la fachada oeste del Obelisco


miércoles 23 de enero de 2008

Esquina sufrida

La calle del pecado se encontraba dónde hoy está el edificio que una vez fue sede del Ministerio de Obras Públicas.

Esta calle era frecuentada por mazorqueros, negros y paisanos que se acercaban a las pulperías a entretenerse y tomar unos tragos. Luego se sumaron compadritos, cuchilleros, tahúres, vagabundos y mujeres, que repartían su tiempo entre fondas y casas de juego.

También fue protagonista durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871, que regalaba a la cuidad unos 300 muertos por día. Por distintas razones, ésta calle fue uno de los lugares más golpeados por la epidemia.

Desembocaba en lo que hoy es Avenida de Mayo y Lima, por donde pasaban las murgas en épocas de carnaval. Muchos años más tarde, entre 1936 y 1939, esta misma esquina fue testigo de los enfrentamientos entre bandos durante la guerra civil española.

Hoy, a esta zona golpeada por pestes, luchas, actividades marginales y festejos de carnaval, no le va mucho mejor. Desde 1980, ostenta el monumento al Quijote, ofrecido por España para el cuarto centenario de la segunda fundación de la ciudad. Sin dudas es el monumento más feo de la ciudad. El autor del esperpento es Aurelio Teno, que tiene un tema fetiche con los quijotes, y los hace a todos espantosos. En su sitio, tiene un correo para sugerencias. Pueden acceder desde aquí para contarle qué piensan de su obra. Ahora, si el monumento era en homenaje a la segunda fundación de la ciudad, ¿Por qué no lo hizo de Juan de Garay?

miércoles 16 de enero de 2008

Problemas de identidad

Haciendo una reconstrucción de los orígenes y modificaciones de ciertas palabras, podemos darnos cuenta que los porteños somos especialistas en alterar ciertas palabras y reconvertirlas para un uso cotidiano distinto. Por supuesto esto sucede con todos los idiomas y lugares del mundo, las palabras varían, cobran otro significado, modifican su significante, adquieren distintas cargas valorativas, etc. Pero quizás la abrupta llegada de gran cantidad de inmigrantes en poco tiempo, sumado a la presencia de poblaciones indígenas y a la incorporación de esclavos negros al río de la plata, puede haber favorecido mucho esta característica.

Incluso el nombre de la ciudad no fue originalmente Buenos Aires: en la segunda y definitiva fundación, realizada por Juan de Garay, la ciudad fue nombrada “Ciudad de La Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre” en evocación de la llegada al puerto que tuvo lugar el domingo de la Santísima Trinidad.

Esto no fue modificado en ninguna resolución, ley o decreto municipal, hasta 1996 cuando la ciudad recibe formalmente el nombre de Ciudad de Buenos Aires o Ciudad Autónoma de Buenos Aires al aprobarse el texto definitivo de la Constitución de la ciudad.

El segundo artículo de esta carta magna dice: “La Ciudad de Buenos Aires se denomina de este modo o como Ciudad Autónoma de Buenos Aires". Por lo tanto, después de más de 400 años de no haberla llamado por su nombre, ahora la ciudad tiene dos nombres.

lunes 14 de enero de 2008

Vidriera de Barrio Norte (con tienda)

Graziella Franco no nació en Buenos Aires y sus personajes son de otro tiempo, que es como decir de otro mundo. Pero su taller, con vidriera a la calle, captura sin remedio a cualquiera que pase distraído por la calle Azcuénaga, casi esquina Juncal, en Barrio Norte.

Esta ceramista, escultura y pintora nació en Florencia, Italia, hace cerca de siete décadas. A los 13 años emigró con su familia al país, y desde hace más de 35 años amasa con sus manos títeres articulables.

La tienda, atendida por Graziella misma, María Luisa y Alba, es una suerte de manifiesto surrealista adonde conviven disparatada y fraternamente, personajes medievales y de la Antigua Grecia, seres fantásticos, leones, caballos – cuadrúpedos y de mar -, lechuzas y pájaros en miniatura.

Sin contender entre ellos por mayor protagonismo y apresados en el escaparate, se regalan a la vista caballeros andantes, arcabuceros alados, princesas, doncellas, vasallos, escuderos, músicos, juglares, campesinos, y hasta un coro de niños, Juana de Arco, Mozart, Hamlet y San Jorge luchando contra el dragón. Hay además utensilios como tazas y jarras de café, aguamaniles, candelabros y atrapa-libros.

La tienda no está abierta todo el día, sino de lunes a viernes, de 10 a 13 y de 16 a 19. Los sábados, sólo de de 10 a 14. Rara vez Graziella, María Luisa o Alba atienden el teléfono. La vidriera, en cambio, está siempre y es una maravilla.

Atelier de Graziella Franco
Dirección: Azcuénaga 1328, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: (54 11) 48 25 54 62

miércoles 9 de enero de 2008

Recoleta by Tina

Dos veces hicimos el intento de ir a la Recoleta a sacar fotos para este post, pero el verano porteño nos agobió. No tenemos intención de poner a prueba dichos. La tercera no es siempre la vencida y el artículo va igual, sin fotos, hasta que el cielo y la tierra (y la sensación térmica) nos sean menos adversos.

La Recoleta: Entre el cielo y la tierra

Cada barrio debe su nombre a algo, como cada uno a sus padres. Así, por ejemplo, San Telmo proviene de su Iglesia y La Boca de ser la boca del riachuelo. En el caso del barrio de la Recoleta, sus padres indiscutidos son los monjes recoletos. El antiguo monasterio que hoy es parte del Buenos Aires Design albergó en su momento a estos humildes religiosos, parientes cercanos de la orden de San Francisco. Su misión, al igual que la de él, contemplaba una vida alejada de las tentaciones terrenales. La razón de que se asentaran allí es que originalmente no había nada. Cabe recordar que Buenos Aires nació en el sur y que sólo dio sus primeros pasos en la zona de Retiro y en Recoleta de la mano de los monjes.

Ninguno de ellos hubiera imaginado ni en la peor de sus pesadillas materialistas que su entorno se transformaría en el escenario de un vivo comercio y un cementerio boutique. Los monjes se levantarían de sus tumbas, incrédulos, para comprobar la ineficacia de su filosofía del despojo. Claro que a tal efecto podrían tranquilamente reubicarse al sur de la ciudad para terminar de cerrar el círculo de su escaso presupuesto. Lo cierto es que hacia 1822 el camposanto y huerta de los monjes se transformó bajo el gobierno de Bernardino Rivadavia en cementerio público. Así, los religiosos tuvieron que llevar sus prácticas espirituales y hortalizas a otras tierras, cultivando el barrio, en lo sucesivo, las más altas aspiraciones oligárquicas. Desde 1881, con el nombre de Alvear bajo su ala la rueda de la fortuna y la opulencia se debate entre el cielo y la tierra. Allí yacen ahora los restos de los personajes más importantes de nuestra historia: presidentes, ministros, escritores y gente de mundo. Además, se encuentra la cripta familiar de Evita a quienes fieles e infieles también (no todos la querían) visitan asiduamente. Todos los días, grandes buses cargados de turistas con el frenesí cuasi religioso de "cosas que hay que ver en la ciudad" se agolpan frente a la tumba de los Duarte. Y, no hay más que comprobar el número de feligreses que poseen los musicales pues si alguien hizo famosa a Eva, tal vez, sea Andrew Lloyd Weber. Sin embargo, junto a su fama yacen otros personajes que aunque inadvertidos para el gran público contribuyen a la mitología de la gran necrópolis. Tal es el caso del señor Aiello. Cuenta la leyenda que siendo cuidador del cementerio fue labrando, de a poco, la fantasía de construir allí su propia tumba. Ahorró el dinero suficiente, partió a Génova para crear un altorrelieve que lo mostrara con sus herramientas de trabajo y regresó con su sueño por cumplirse. Pero, no pudiendo aguardar estrenar la obra una vez la hubo colocado en su sitio, resolvió suicidarse con el fin de hacerlo. Y, sí, al final, la vida no le dio la fama pero se la dio su muerte. Como esta, hay incontables historias que se ciernen sobre mármol esculpido embrujando a los paseantes que se acercan, distraídos, a matar el tiempo.

Pero para terminar de matarlo del todo, nada mejor que una pasada por el gigantesco shopping de los cines Village justo a la salida del cementerio. El olor a pochoclo mezclado con las cervezas de los turistas en los bares recrea una película que nada tiene que ver con la anterior. Entonces, el exceso se viste de pasatiempo y de frivolidad bien de cara a la filosofía contemporánea. Si los monjes vivieran... se matarían. Y eso que todavía no se pasó por la Avenida Alvear adonde se pavonean los locales internacionales más exclusivos codeándose con el fastuoso Alvear Palace. Si la Recoleta tiene a sus padres, los monjes, también tiene a su padrino: Torcuato de Alvear. No cabe la menor duda de porqué todo lleva su nombre y, hasta resulta extraño que el café más famoso se llame "La Biela". Siendo él el primer intendente de Buenos Aires, le dio a La Recoleta sus ínfulas francesas, al abrir sus avenidas y coronarlas de bellísimos árboles. Si Buenos Aires responde en algún sentido a ser la "Paris de Sudamérica", ello se debe a la existencia de este barrio.

Así es como la Recoleta tuvo un corazón devoto originalmente pero fue desplegando una segunda piel que se reparte entre los tapados de las señoras de alta sociedad. Estas salen a tomar café todos los días mientras los paseadores de perros sacan a sus mascotas que se apostan frente a la placita del cementerio. Allí intentan descansar (el tráfico de gente es impresionante) "quienes nos precedieron en el camino de la vida" como reza un cartel afuera. Hombres, mujeres, trabajadores fantasiosos, llenan la tierra que antes labraran los monjes invocando a Dios en sus plegarias. Algunas hierbas se cuelan por entre las tumbas, pero la espiritualidad de los monjes en la Recoleta no es lo que más dio frutos.

Por Agustina Cardoni

lunes 7 de enero de 2008

El Rosedal del Sur

Al igual que en el Norte, en Palermo, también en el Sur de la ciudad hay un rosedal.

La primera vez que escuché mencionar el rosedal de Puerto Madero fue en boca de un historiador especializado en urbanismo, quien dijo entonces que el rosedal del Sur “dialoga” con el del Norte.

Tiempo después, viajé hasta Puerto Madero para conocerlo (a Puerto Madero no se va, es una suerte de travesía que amerita el uso del verbo viajar). El jardín de rosas austral está en la Plaza del Huerto del Parque Micaela Bastidas, cuyo diseño estuvo a cargo de los arquitectos Magariños, Joselevick y Novoa. Emplazado en el sector Este del Dique 2, lo bordean la Avenida Rosario Vera Peñaloza, Julieta Lanteri y la Avenida Calabria. Es uno de los dos parques del barrio y fue el primero en construirse. Inaugurado en enero de 2003, tiene una superficie de 72.000 m2.

Lleva el nombre de Micaela Bastidas* (1742-1781), que fue la esposa de Tupac Amaru y tuvo un rol destacado en la rebelión indígena ocurrida en Tina (Perú) en 1780, la más grande en la historia del Virreinato. Derrotados, Micaela fue ejecutada junto a su marido.

La superficie del parque está dividida en tres barrancas. Muros de piedra sirven para crear distintos espacios.En uno de ellos, el Rosedal del Sur, crecen, como era de esperar, sólo rosas. Se plantaron más de 3.884 rosales de 27 especies, divididos en cinco canteros, cada uno de un color distinto. Las denominaciones de los rosedales son, por cierto, 27 nombres bastante extraños, pero tal vez lo son todos los nombres de las distintas especies de rosas. A saber: La sevillana, Valentina Casucci, Othelo, Anadía, Prestige de Lyon, Charles de Gaulle, Lady X, The Squire, Abraham Derby, Dove, Elle, L.D. Braihwaite, Johann Strauss, Elina, Jean Glono, Tchicovsky, Graham Thomas, Jardin de France, Dynastie, Gala Charles Aznavour, Mary Rose, Heritage, Pearl La Sevillana, Winchester Cathedral, Iceberg, Charles Aznavour y Swan.

Los otros dos sectores en los que se divide el parque fueron bautizados con nombres acordes a sus fines. En la Plaza de los Niños hay juegos infantiles y en la Plaza del Sol, se colocaron camastros de madera para que la gente se tire a descansar y a broncearse.

Cuando el historiador aquel mencionó el diálogo entre rosedales, en lugar de pensar inmediatamente el nuevo barrio de Puerto Madero como un espejo replegado sobre el Norte de la ciudad de Buenos Aires, se disparó mi recuerdo de un cuento de la serie Musicuentos que escuchaba, más que leía, de niña. Los musicuentos eran libros ilustrados que venían con un disco de vinilo adonde una voz en off hacía de narrador y con otras voces, música y sonidos varios, se teatralizaba la historia y los diálogos entre los personajes.

En “Las flores de la pequeña Aída”, durante la noche, los claveles, campanillas, violetas, alelíes, jacintos, azucenas, nardos, amapolas y margaritas, efectivamente hablaban entre sí, armaban bandos, rivalizaban, pergeñaban maldades, se diputaban el amor de Aída, y tras el amanecer, sumisas, volvían a su vida mansa de flores. Del cuento no recuerdo más que el diálogo florido y, lejanamente, a Aída, la niña que era la protagonista.

¿Qué diálogo sería imaginable entre las rosas sureñas y las norteñas? Posee mayor autoridad moral la voz de las palermitanas por tener renombre desde mucho antes? ¿O acaso por ser de mundo y haber visto pavonearse desde la alta burguesía porteña a principios del XX hasta, más recientemente, los travestis emigrados de la calle Godoy Cruz?Al final de cuentas, las del Puerto Madero no son más que su mero reflejo.

Pero si la historia es según quien la cuenta, pensaba que si, de repente, se borrara la memoria de que fue primero el rosedal de Palermo, el supuesto de que el del Sur lo proyecta, perdería todo sustento para los desmemoriados. Las rosas del Sur podrían decirse primigenias y mirarse al espejo al pensar las de Palermo. Visitar la Plaza del Huerto del parque Micaela Bastidas es un lindo paseo de domingo, pero nada de este complot deja entreverse entre las rosas del sur. Tampoco hace alusión al respecto el sitio oficial de Puerto Madero que puede navegarse haciendo clic aquí

*La Ordenanza Nº49668, dictada en 1995 por el ex Consejo Deliberante, le puso nombre de mujeres a las calles, parques y plazas de Puerto Madero. En todos los casos, se trata de heroínas provenientes de distintos orígenes sociales, con distintas profesiones, a las que las une un objetivo común: la defensa de la igualdad, la libertad y la independencia.



miércoles 2 de enero de 2008

Fantasmas de Buenos Aires: Felicitas Guerrero

Felicia Antonia Guadalupe Guerrero y Cueto era la hija de Carlos José Guerrero (quien introdujo al país las vacas de raza Aberdeen Angus) y de Felicitas Cueto y Montes de Oca.
Esta chica nacida en 1846 fue la mujer más hermosa de la Argentina según el poeta Carlos Guido Spano. Su vida fue una sucesión de tragedias: fue obligada a casarse a los 16 años con Martín de Álzaga, un hombre de 61 años de quien se decía poseía la fortuna más grande de Argentina, tuvo 2 hijos los cuales murieron, el primero a los siete años de edad culpa de la epidemia de fiebre amarilla y el segundo a pocos días de haber nacido. A los quince días de la muerte de su segundo hijo también murió su marido.

Tiempo más tarde, luego de cumplir un riguroso luto, Felicitas comenzó a frecuentar nuevamente las reuniones de la alta sociedad adonde era conocida como “la joya de los salones porteños” e inició un romance con Samuel Sáenz Valiente. Esto provocó la ira de uno de los principales dandis de Buenos Aires, Enrique Ocampo (tío de las escritoras Victoria y Silvina Ocampo), quien también la pretendía y no acostumbrado a sentirse rechazado, fue hasta la casa de Felicitas, la asesinó y luego se suicidó en un confuso episodio que hasta el día de hoy genera muchas dudas..

Los padre de Felicitas mandaron construir una capilla en homenaje a su hija. El lugar que se eligió para la construcción fue el mismo donde Felicitas fue asesinada, actualmente la calle Pinzón 1480, en pleno barrio de Barracas. El arquitecto fue Ernesto Bunge, quien si bien fue un arquitecto formado en Berlín, revalidó su título en la Universidad de Buenos Aires, transformándose en el primer arquitecto en recibir ese título en la UBA.

La iglesia tiene un estilo neorrománico alemán y neogótico con diversos elementos germánicos, es la única en su estilo que quedó en pie del mundo, su interior está decorado con mármoles, mosaicos españoles, mampostería policromada, vitrales franceses. Posee un reloj inglés con carrillón de un metro de diámetro (restaurado en Inglaterra y puesto en marcha por el Príncipe Andrés de Gales en el año 1999) y un órgano Walter de origen alemán de 783 tubos.

Son muchas las historias tejidas alrededor de esta Iglesia, que es la menos elegida por los novios para casarse en toda la ciudad. En su interior se puede encontrar una escultura de Felicitas junto a su hijo Félix, construido en mármol de Carrara, lo que convierte a esta iglesia en la única con estatuas de seglares. La leyenda también dice que tocar esa estatua es asegurarse una vida desgraciada y trágica.

Las rejas, en cambio, les devuelven a los amantes despechados su amor para siempre, sólo deberán ir hasta la entrada y atar un pañuelo blanco en cualquiera de sus barrotes (aunque el cura encargado de la iglesia asegura que es frecuente encontrar ropa interior atada).

Muchos vecinos aseguran que el fantasma de Felicitas aún vive en la zona, y que todos los 30 de enero, se la puede ver en su vestido blanco, llorando desconsolada frente a las rejas y que las noches de tormenta pueden escucharse las campanas por alguna razón que aún no pudo ser descubierta.

La iglesia fue totalmente reconstruida hace pocos años por Félix Bunge, bisnieto del arquitecto original con el generoso aporte de la Embajada de Alemania… sobre la cual también existe una leyenda oscura, pero esa es otra historia que contaremos más adelante.

Dante Galeazzi, sacerdote a cargo de esa iglesia, afirma que todos "esos cuentos" son mentiras de personas ignorantes y que él jamás escuchó ruidos dentro del templo. Para mayor información todos los domingos a las 11 de la mañana se realizan visitas guiadas, con un costo es de $ 5.

sábado 29 de diciembre de 2007

El tiempo

Como Buenos Aires es borgiana (mucho más que Borges porteño) y éste es un blog sobre la ciudad, aprovechamos sus palabras para recibir el nuevo año.

Final de año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires, 1923.