jueves, 20 de diciembre de 2007

El Pasaje Roverano

“…hubo una época en que las cosas me sucedían cuando menos pensaba en ellas, empujando apenas con el hombro cualquier rincón del aire. En todo caso bastaba ingresar en la deriva placentera del ciudadano que se deja llevar por sus preferencias callejeras…”

Hay pocos lugares públicos más o menos solitarios cercanos a la Plaza de Mayo durante los días de la semana. La excepción que más me gusta es la escalera que desciende al subsuelo del edificio Roverano (Av.de Mayo 560), a través del cual se tiene acceso a la estación Perú de la línea A de subterráneos.

De escalones de mármol resbaladizos, por el desgaste del tiempo y sobre todo de las suelas que los transitaron, la escalera se encuentra del lado izquierdo del Pasaje Roverano, ingresando por la calle Hipólito Irigoyen (y del lado derecho si se entra por Av.de Mayo), a la altura de los dos ascensores.

Hoy tomé este corredor para cruzar de Irigoyen a la Av.de Mayo con la excusa de continuar con la descripción de galerías cubiertas que me propuse hacer en el post Pasajes de Buenos Aires o el otro cielo.

Pero más que el cielo engañoso de la galería, buscaba la concavidad de un hueco - que es el otro nombre de un asilo-, y bajé los peldaños.

Me di cuenta que estaba tras un refugio, cuando en el descanso de la escalera sonó mi celular y atendí casi clandestinamente, con la sensación de que me habían descubierto. Conversé por teléfono durante unos segundos hasta que un hombre salió de una puerta a la que no le había prestado atención. Fin del escondite. No estaba más sola. No me gritó “Piedra libre” ni yo le dirigí la palabra. Volví a subir para caminar por la galería hacia la Av.de Mayo, como me lo había propuesto en un principio, y salí de nuevo a la ciudad.

Ya de regreso en casa, leí que el edificio del pasaje fue propiedad y residencia de Angel Roverano. Inicialmente, tenía dos plantas. En el nivel inferior funcionaban locales destinados a estudios de escribanos y abogados. En la planta alta, había viviendas.

El pasaje nació como consecuencia de la apertura de la Av. de Mayo, y la edificación original de 1878, con el trazado de la avenida, debió ser modificada. En 1912 comenzó la remodelación, obra del arquitecto Eugenio Gantner, que se concluyó en 1918.Al edificio se le agregaron tres subsuelos y seis pisos. La planta baja quedó convertida en un pasaje.

Esta galería fue la primera que unió la Av. de Mayo con la calle paralela, llamada antes Victoria, actualmente H. Irigoyen. Hoy en día funcionan allí locales, en su mayoría, negocios de confección de sellos y tarjetas personales, cerrajerías y estudios jurídicos. Se destacan dos comercios: el restaurante café “Ley Seca” en la entrada de Hipólito Irigoyen, y la peluquería con pedicura y manicura, Romano, sobre Av. de Mayo, que cuenta a su vez, dentro del local, con un despacho de lotería y quiniela.

La bibliografía dice también que es la única que tiene una entrada particular a la estación Perú de la línea A de subterráneos. La unión entre el edificio Roverano y la estación de subte construida por de la Compañía de Tramways Anglo-Americana es de 1915. No dice que es, además, un buen escondite. Pero no por mucho tiempo.



Nota al pie: El pasaje Roverano está cerrado los fines de semana. La cita es de J. Cortázar; la foto de la peluquería Romano y del pasaje, la copié del blog de comercios porteños del Gobierno de la Ciudad, dado de baja, al menos por el momento.

4 comentarios:

Marita dijo...

FLOCITA, leyendo tu nota, excelente(soy mamá) no pude dejar de pensar en "Lejana" de Cortázar.....y si te hubieses transmutado en el "hombre de la puerta" ?
Debes ir con precaución y alertada, me lo prometes?

Flor del Irupé dijo...

Sí mamá...

curdafloja dijo...

A mi me parece que tiene razón Marita, debés ir con más precaución. también me lo prometés a mi?

Anónimo dijo...

es bueno saber donde esconderse en baires (maresdelsur)